viernes, 12 de noviembre de 2010

Un texto del Cardenal Ratzinger que me resuena por estos días

Extraido del libro "Informe sobre la fe", Card. Joseph Ratzinger. Vittorio Messori.

Un espacio para lo sagrado

Volviendo al planteamiento general: ¿qué reproches tiene que hacer el Prefecto a cierta liturgia de hoy? (O, quizá, no exactamente de hoy, puesto que, como observa, «parece que se están atenuando ciertos abusos de los años posconciliares: me parece que está en vías de cristalizar una nueva toma de conciencia; algunos están cayendo en la cuenta de que han corrido demasiado y demasiado aprisa». «Pero —añade— este nuevo equilibrio es de élite, por el momento; se adopta en algunos círculos de especialistas, mientras que es ahora cuando llega a la base la onda expansiva que precisamente ellos pusieron en movimiento. Así, puede suceder que algún sacerdote o algún laico se entusiasmen tardíamente y juzguen actualísimo lo que los expertos sostenían ayer, mientras que hoy se adhieren a posiciones diversas, abiertamente más tradicionales»).
Como quiera que sea, lo que según Ratzinger tiene que encontrarse de nuevo plenamente es «el carácter predeterminado, no arbitrario, «imperturbable», «impasible» del culto litúrgico». «Ha habido años —recuerda— en que los fieles, al prepararse para asistir a un rito, a la misma Misa, se preguntaban de que modo se desencadenaría aquel día la «creatividad» del celebrante... » Lo cual, recuerda, estaba en abierta contradicción con la advertencia insólitamente severa y solemne del Concilio: «Que nadie (fuera de la Santa Sede y de la jerarquía episcopal), que nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia» (SC n.22,§3).
Añade: «La liturgia no es un show, no es un espectáculo que necesite directores geniales y actores de talento. La liturgia no vive de sorpresas «simpáticas», de ocurrencias «cautivadoras», sino de repeticiones solemnes. No debe expresar la actualidad, el momento efímero, sino el misterio de lo Sagrado. Muchos han pensado y dicho que la liturgia debe ser «hecha» por toda la comunidad para que sea verdaderamente suya. Es ésta una visión que ha llevado a medir el «resultado» de la liturgia en términos de eficacia espectacular, de entretenimiento. De este modo se ha dispersado el proprium litúrgico, que no proviene de lo que nosotros hacemos, sino del hecho de que aquí acontece Algo que todos nosotros juntos somos incapaces de hacer. En la liturgia opera una fuerza, un poder que ni siquiera la Iglesia entera puede conferirse: lo que en ella se manifiesta es lo absolutamente Otro que, a través de la comunidad (la cual no es dueña, sino sierva, mero instrumento), llega hasta nosotros».
Continúa: «Para el católico, la liturgia es el hogar común, la fuente misma de su identidad: también por esta razón debe estar «predeterminada» y ser «imperturbable», para que a través del rito se manifieste la Santidad de Dios. En lugar de esto, la rebelión contra la que se ha llamado «vieja rigidez rubricista», a la que se acusa de ahogar la «creatividad», ha sumergido la liturgia en la vorágine del «hazlo-como-quieras», y así poniéndola al nivel de nuestra mediocre estatura: no se ha hecho otra cosa que trivializarla».
Hay otro orden de problemas sobre el que Ratzinger quiere llamar también la atención: «El Concilio nos ha recordado con razón que liturgia significa también actio, acción, y ha pedido que se asegure a los fieles una actuosa participatio, una participación activa».
Me parece un verdadero acierto, digo.
«Sin duda —asiente—. Pero este concepto nobilísimo ha sufrido una restricción fatal en las interpretaciones posconciliares. Se ha llegado a creer que sólo se daba «participación activa» allí donde tenía lugar una actividad exterior, verificable: discursos, palabras, cánticos, homilías, lecturas, estrechamiento de manos... Pero se ha olvidado que el Concilio, por actuosa participatio, entiende también el silencio, que permite una participación verdaderamente profunda y personal, abriéndonos a la escucha interior de la Palabra del Señor. Ahora bien, en ciertos ritos no ha quedado ni rastro de este silencio».

3 comentarios:

  1. Una decisión difícil: a quién seguir, a Benedicto XVI o al cura flogger?

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  2. mmm... me parece que el texto de Vittorio Messori es un poco dualista! no me parece que refleje el pensamiento de Benedicto XVI. De todos modos gracias Padre Leandro por su aporte a pensar el tema seriamente.

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  3. Anónimo:
    Gracias por tu comentario, espero que hayas leído el texto completo. Es cierto que Messori suele ser un poco "exagerado", creo que es parte de su estilo mordaz e incisivo para escribir.
    No obstante, transcribo lo que el mismo Messori pone al inicio del libro:
    "No estará de más recordar que los textos —tanto los del artículo como los de este libro han sido revisados por el interesado, que, al aprobarlos (no sólo en el original italiano, sino también en sus traducciones, empezando por la alemana, que ha servido de norma para las restantes), ha declarado reconocerse en ellos.
    Decimos esto por quien —en los vivacísimos comentarios al anuncio previo de esta obra— ha dado a entender que en la entrevista pudiera haber demasiado del entrevistador. La aprobación de los textos por parte del cardenal Ratzinger demuestra que no se trata de «el cardenal Ratzinger según un periodista», sino de «el Ratzinger que, entrevistado por un periodista, ha reconocido en tales textos la fidelidad de interpretación». Por lo demás, así parece haberlo confirmado autorizadamente la amplia síntesis publicada por L'Osservatore Romano."
    De todos modos, en estos días seguiré subiendo textos de Ratzinger-Benedicto, por si aún surgen dudas sobre su pensamiento acerca de la Liturgia.
    Bendiciones!

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