sábado, 19 de junio de 2010

La Falacia de la Igualdad

Quiero dejarles en esta ocasión el discurso de Marilina Hotton, asesora de la Cámara de diputados, ante el Senado de la Nación Argentina. Es bastante técnico, pero es súper interesante, y creo que vale la pena ponerse a pensar un poco.


Señora Presidente

Agradezco profundamente la invitación de la Comisión de Legislación General del Senado de la Nación que me distingue.

Permítame en primer lugar entonces, expresar mis respetos a los juristas que me han precedido.

He tenido el honor- y la responsabilidad- de ser convocada para ilustrar a esta asamblea sobre los vicios formales que, a mi criterio y en base a la cuidadosa investigación realizada comprometen severamente, la lógica interna y aspectos formales relevantes del PROYECTO DE LEY DE LEGALIZACIÓN DE LAS UNIONES DE PERSONAS DEL MISMO SEXO.

Corresponde decir desde un comienzo que las urgencias políticas en la Cámara Baja , de la que soy Asesora legislativa en cuestiones de Familia, facilitaron que no se diera el suficiente estudio que un tema de semejante envergadura exige, razón de más para expresar mis reflexiones y dudas en éste ámbito tan plural.

Por lo tanto quiero señalar una vez más a los Senadores y Senadoras que este proyecto nació viciado.
  • Viciado por lo apresurado.
  • Viciado por la intolerancia,
  • Viciado por la falta de debate serio sobre sus implicancias jurídicas (amén de las culturales, sociológicas y políticas)
  • Viciado por la ausencia de un análisis cuidadoso y completo del Código Civil (instrumento vital de la convivencia ciudadana), que, entiendo requiere de los señores Legisladores y legisladoras de la Cámara Alta una ponderación por demás mesurada.
Con honestidad intelectual quisiera alertarlos de que este Proyecto- como ha llegado a esta Cámara- no debe ni puede aprobarse por cuanto adolece de vicios estructurales que no podrán ser subsanables y lejos de igualar derechos como se declama culmina despojando derechos básicos y, como lo veremos, creando nuevas y serias desigualdades.
Es por eso que me inclino por titular mi exposición llamándola


LA FALACIA DE LA IGUALDAD.

Seis grupos de personas verán afectados sus derechos de aprobarse este proyecto de ley, razón suficiente –entiendo- para que el Senado de la Nación meritúe cuidadosa y seriamente estos distintos elementos que pasaré a exponer.


PRIMERAS AFECTADAS

Es interesante y “agraviante” señalar que las primeras personas cuyos derechos afectaría, de sancionarse este proyecto son “las mujeres”!

La aseveración tiene sustento.

Sucede que, en todos los artículos que se pretenden modificar donde se mencionaba nuestro género en tanto madres o esposas, nos han transformado en padres y contrayentes.

Se suprimió el vocablo madre y se sustituyó el vocablo esposa por contrayente.

Me dirán, sólo estamos modificando terminología, no Sres. y Sras. Es mucho más que eso, ¿o acaso no nos han empujado a un debate que se refiere, básicamente a la terminología?

No nos están pidiendo –so pena de violar “derechos humanos- llamar “matrimonio” a lo que obviamente no lo es.
Pues bien, para darles un “derecho terminológico” para que quienes pretenden ser incluidos en el Código Civil en la figura del matrimonio, puedan ser contrayentes o padres, nuestros nombres en tanto esposas o madres desaparecen, nos transformamos todos en seres asexuados y neutros. Nos borraron de un plumazo y nadie, absolutamente nadie lo advirtió, ¿porque no nos defendieron nuestras diputadas feministas que votaron a favor del Proyecto? ¿Mujeres, están dispuestas a ser borradas del Código Civil?

Hasta en lo político tiene significación: “El icono de “las madres de plaza de mayo” pierde sentido…Con la adecuación terminológica que, más que derecho parece capricho- a futuro debieran ser “padres o contrayentes de plaza de mayo”. Madres, en la ley no existirían más.

Que harían sin nosotras madres.

Nosotras los hemos parido a todos y a todas y por “las angustias de pocos…las madres, las que alumbraron, se apagan borrándonos del Código Civil.

Sucede, que la inclusión o no inclusión de un término en la ley, define la importancia, la especificidad, el realce del sujeto. Así, por ejemplo, desde que se dictó la Ley 26061, que se refiere a minoridad toda la terminología respecto a ellos debió modificarse por niña, niño y adolescente en vez del vocablo “menores” y, es interesante el recuerdo de que aún seguimos trabajando en ello, readecuando las leyes para que todas y todos los niños puedan tener normas jurídicas que los contengan a todos y todas, niño, niña y adolescente de manera “explícita”

Ahora bien pareciera que los redactores del Proyecto tomaron un “buscador” y apretaron el botón suprimir cada vez que el Código indicara madre o esposa.

Tan errada fue la decisión que por ejemplo no advirtieron que a veces las mujeres aparecemos en el Código con otra denominación.

Por ejemplo me refiero al término viuda. En el artículo 3576 bis existe el derecho sucesorio de la nuera viuda sin hijos, que hereda a sus suegros por ser viuda y no tener descendencia.

Este artículo no fue considerado por los legisladores modificantes y como no aparece el término madre que como dije “se excluyen de la ley”, nadie lo revisó.

Es interesante que al no analizarlo, en el contexto de la reforma que se propone a esta Honorable Senado, los derechos que genera se tornarían de imposible cumplimiento ya que en un matrimonio de dos mujeres habría que definir previamente cual tendrá la categoría de “nuera”, su indefinición haría que este derecho sucesorio recaiga en ambas cónyuges en una clara desigualdad respecto a las mujeres casadas en forma heterosexual.

Existen, va de suyo, otras numerosas desigualdades en este proyecto respecto a las mujeres heterosexuales casadas.

El tema no es menor y me refiero al apellido.

En efecto hoy las mujeres heterosexuales casadas no pueden darles su apellido a sus hijos, ni su familia tendrá su apellido salvo que hagan una petición especial. La ley lo autoriza pero con un pedido adicional. Si ello no se produce, la mujer casada que parió un hijo no tiene derecho a darle su apellido.

Resulta sorprendente que, en el caso de “matrimonio entre mujeres” ellas si tendrán plena libertad para elegir el apellido de sus hijos y, en su caso, de la familia que quieran formar (adopción o inseminación mediante)

Si se pretende modificar al Código Civil lo mínimo que es dable esperar es un mas que cuidadoso examen de toda la normativa (coherencia interna del texto) evitando afectar los derechos de los otros, violando claramente el derecho de cada uno.

El proyecto a estudio viola los derechos de terceros, de raigambre constitucional.

Regresando al tema de los vocablos y términos quiero manifestar que no hay discriminación- como se agravian sus impulsores- cuando nos oponemos a que pueda llamarse “Matrimonio” a una unión entre personas del mismo sexo, pues para que merezca el reconocimiento del Estado debe tener virtud procreativa.

Esta distinción no la hace el legislador.

Para quienes creemos en Dios, como es mi caso y, presumo, la convicción íntima de quienes al darnos la Constitución invocaron a Dios, fuente de toda razón y Justicia, la distinción transciende las bancas, toda banca.

Y si la fe se ha perdido o nunca la tuvimos, la Naturaleza, sabia o “caprichosa” así lo ha querido.
Somos “distintos” en tanto la unión de un hombre y una mujer pueden generar vida…
Es que en un matrimonio –como hoy lo entiende el mundo (es cierto hay algunas excepciones, menos de diez y ninguna, como países en este continente)- hay una matriz y una virtud procreadora. No importa que el matrimonio heterosexual pueda o quiera procrear, es un hecho contingente, lo esencial es que esa unión implica la posibilidad- virtud- de ser generadora de vida.
Y, por favor, entre tanto, a quienes tenemos matriz y podemos engendrar…no nos manden al “DELETED” en la Ley Civil de los Argentinos.
Les reitero a nuestros Senadores y a nuestras Senadores defiendan los derechos de todos y todas

SEGUNDOS AFECTADOS

En este mismo orden de ideas, el segundo grupo de personas perjudicadas por este proyecto de modificación del Código Civil es el de los hombres heterosexuales casados.
También sufrirán desigualdad de derechos en comparación con los hombres casados homosexuales.
El artículo 206 del Código Civil, que en este caso fue revisado por los redactores de la modificación del Código, mantuvieron la primera parte del segundo párrafo de dicho artículo expresándose en el mismo que, en caso de separación o divorcio, los padres heterosexuales que tengan hijos menores de cinco años no obtienen la tenencia de aquellos, sino que queda en manos de la madre, salvo causas graves.
El proyecto enviado por Diputados incluye en el artículo a los homosexuales quienes podrán obtener dicha tenencia en uno de ellos, en una clara discriminación y desigualdad sobre los padres heterosexuales.
Y que sabio ha sido Velez Sarsfield, no tuvo dudas en la necesidad de una madre para la crianza de un niño menor de cinco años. Entonces reitero, además de la clara desigualdad respecto de los padres heterosexuales en cuanto a la tenencia de sus hijos menores de cinco años en caso de divorcio, tiramos por la borda la teoría de que la madre es necesaria para la crianza de un niño menor de cinco años.
Les pregunto a Uds. ¿que hacemos con esta teoría, que hacemos con la Doctrina, la Jurisprudencia y los fallos que con la ayuda de especialistas psicólogos hasta hoy deciden por la permanencia del menor con su madre, con aquellos fallos que indican que la maternidad es absolutamente necesaria para un menor de cinco años? ¿Es todo mentira? hagamos borrón y cuenta nueva y digamos ahora que todo aquello no fue válido y que dos hombres pueden cuidar a un niño pequeño sin afectar su identidad.
¿Qué hacemos con la Doctrina, la Jurisprudencia y los fallos que con la ayuda de especialistas psicólogos hasta hoy deciden que el regímen de visitas por parte del padre es absolutamente necesario y que el mantenimiento de la relación paterna es vital para el normal crecimiento de los niños? ¿Es todo mentira? hagamos borrón y cuenta nueva y digamos ahora que todo aquello no fue válido y que dos mujeres pueden cuidar a un niño pequeño sin afectar su identidad.

Ustedes saben porque, señores Legisladores, los que los antecedieron –libres de las presiones del momento- pensaron en el niño. Pensaron que era mejor que estuviera con su madre pero era necesario que mantuviera la imagen del padre y ello para forjar su identidad. Nadie puede dudar en que la identidad biológica de un niño o niña, sólo puede darse con un hombre y una mujer.

Fue llamativo- ante este hecho incontestable - que aquellos diputados y diputadas que tanto defienden el derecho a la identidad biológica hayan votado a favor de este proyecto olvidándose de una de sus causas mas importantes.

TERCEROS AFECTADOS

Se infiere del Proyecto que hay un tercer grupo lesionado por sus normas ya que, no sólo sufrirán desigualdades como individuos las mujeres y los hombres heterosexuales casados como lo hemos expuesta con anterioridad sino que también los afectara en su calidad de matrimonio constituido conforme a derecho.

Los terceros afectados serán pues los matrimonios heterosexuales ya que conforme al articulado propuesto quedarán es un “segundo” lugar respecto al pretendido “matrimonio homosexual”

 Como lo expuse anteriormente el claro apresuramiento para dictar este proyecto implicó también que nadie revisara el artículo 315 del Código Civil, que en lo referente a la adopción expresa que los matrimonios que quieran adoptar deberán esperar tres años para hacerlo o demostrar su imposibilidad para procrear.

Con el Proyecto que hoy tiene media sanción, el matrimonio homosexual, quedaría en capacidad de salir del registro civil y ese mismo día inscribirse en el Registro de adoptantes, por una clara razón, en tanto matrimonio no pueden procrear, salvo que una de las contrayentes sea inseminadas o los hombres alquilen vientres (pero ese es otro tema del que no corresponde ocuparse aquí). Lo cierto es que, al no tener que demostrar –como se les exige a los matrimonios heterosexuales que aspiran a una adopción- una imposibilidad para procrear quedan en mejor situación de quienes potencialmente pueden engendrar naturalmente vida.

Como quedó redactado el instituto, las carpetas de los pretendidamente llamados “matrimonios homosexuales” provenientes del Registro Único de Aspirantes a Guarda estarán primero en el despacho del Juez, delante de muchos otros matrimonios heterosexuales que después de años de intentar prohijar se presentarán ante la justicia.
Y aquí, con su venia, quiero hacer un alto y alertar respecto al tema de la adopción, porque quienes son homosexuales, se indignan (y agravian) cuando se comenta el instituto aduciendo que este proyecto en nada modifica sus derechos sobre el particular ya que ellos ya pueden, según la legislación vigente, adoptar en forma monoparental.

Esto no es así.
Veamos con criterio realista y desde la praxis judicial un ejemplo de la situación como se da hoy.

Hoy, ante la llegada de un niño en estado de adoptabilidad al despacho de un Juez o Jueza, que posee numerosas carpetas de pretendientes a guarda preadoptiva, tendrá –en nuestra hipótesis- pretendientes monoparentales y matrimoniales. Ese Magistrado tiene absoluta libertad y podrá decidir otorgar el niño o la niña en adopción al matrimonio, pues las razones son obvias y, salvo excepciones así proceden. Las adopciones monoparentales podrán otorgarse en casos especiales, pero nadie duda que el Interés superior del niño nos persuade de la pertinencia de la decisión matrimonial pues dota al menor de una doble protección, contención y afecto.

Ahora bien, si este proyecto que hoy debatimos fuera aprobado, ese mismo Juez o Jueza, tendrá carpetas de pretendientes matrimoniales homosexuales (que, por lo que argumentábamos, llegarían antes) y de heterosexuales. Nos preguntamos entonces en este caso, ¿cual va a ser el fundamento del Juez o Jueza para elegir un papá y una mamá en vez de dos lesbianas, o dos Gays o un transexual y un bisexual? Compadezco al magistrado o magistrada que decida por la opción heterosexual, pues padecerá de numerosas denuncias ante el INADI por discriminación.


CUARTOS AFECTADOS

Y aunque parezca sobredimensionado el argumento, de aprobarse este proyecto de ley, un cuarto grupo de personas resultarían menoscabadas en sus derechos. Me refiero a los BISEXUALES, ¿o acaso este proyecto les permite casarse con sus dos amores? ¿Será el siguiente paso a dar? Algunos legisladores ya lo propusieron. Obra en las actas y registros de los debates. Podrán adoptar (el proyecto los incluye) pero no se ha previsto su matrimonio


QUINTOS AFECTADOS

Los niños y niñas son el quinto grupo claramente agraviado con este Proyecto porque como lo expusimos previamente, las carpetas para adoptar de los “Matrimonios homosexuales, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales” llegarán primero y serán merecedores de pleno derecho a la adopción en tanto “matrimonio”…

Obviamente –y en lo formal es correcto que así sea- ningún Juez o Jueza podrá hacer distinción alguna no obstante que en su fuero íntimo piense o sienta que para quienes han perdido a sus padres lo mejor sería un papá y una mamá.

Por ello, repito, que ningún Juez o Jueza podrá hacer la distinción o tomar la decisión correcta de elegir un papá y una mamá para el niño, porque perderá su cargo en pocos meses.
Entonces el instituto de la adopción se transformará en el proveedor de hijos de los matrimonios de un solo sexo, que naturalmente no pueden lograrlo.

Pregunto ¿Los legisladores que votaron afirmativamente esta Ley leyeron la Convención de los derechos del niño? Que pasa con el fundamento de raigambre constitucional que expresa que toda decisión legislativa y judicial deberá velar y decidir siempre por el “Interés superior del niño”? ¿Donde dejamos su derecho a la identidad, su derecho a crecer en una familia de padre y madre y su derecho a ser oídos conforme la Ley 26061? ¿Quien puede oírlos? ¿Quién será su voz ya que, carecen de recursos para un spot publicitario?


SEXTOS AFECTADOS
Aunque pese decirlo, el último grupo de personas perjudicado con esta pretendida modificación es la ciudadanía en su conjunto que en su derecho Soberano, jamás fue consultada, ni ha votado, ni se le ha propuesto en plataformas partidarias o políticas respecto de esto tan sensible como lo que hoy nos convoca.

MAS DEFECTOS FORMALES

Señores legisladores y Señoras legisladoras, debo ser reiterativa e INSISTIR sobre los defectos no advertidos por nuestros diputadas y diputados al votar este proyecto que sano es recordar, no fue por la “abrumadora mayoría” como se suele señalar en los medios, en especial los audiovisuales.

Quisiera que los legisladores de la Cámara Alta se tomen el tiempo de analizar los 4051 artículos del Código Civil. Por eso sólo quiero mencionar los otros defectos formales que contienen esta modificación que ocurren o por haberse olvidado de modificarlos conforme al nuevo criterio de familia que se pretende o que con una modificación torna imposible sus efectos.

Así en los artículos dedicados a la presunción de paternidad, los vinculados al parentesco y consanguinidad y los relacionados con los hermanos bilaterales.

La sola mención al Art 360 del Código Civil que distingue entre hermanos bilaterales y unilaterales señalando “… Son hermanos bilaterales los que proceden del mismo padre y de la misma madre. Son hermanos unilaterales los que proceden del mismo padre, pero de madres diversas, o de la misma madre pero de padres diversos” es prueba de los “apuros” La redacción ahora propuesta lee: “son hijos bilaterales los que resultan de los mismos padres”. Como, hasta ahora es imposible que dos padres puedan generar vida debemos –estamos obligados a pensar- que aquí se uso “padres” en sentido genérico y, si así se procedió carece de sentido el distingo.

Confusión
Parece que todo el proyecto a examen es confuso.
Por eso es que, con mi mayor respeto me permito pedirles, el ejercicio de una actitud que se condiga con los antecedentes del Honorable Senado de la Nación.

Ello implica una responsable revisión formal del Proyecto, despojado de todo argumento de conciencia personal lo que permitirá dotar a la República, a la sociedad argentina, de una Ley posible. Una ley aplicable, que no deje de lado los derechos de todos y de todas.

Quiero FINALMENTE aprovechar este momento para agradecer a los 109 diputados que votaron en contra de este Proyecto de modificación del Código Civil, no fueron sólo uno o dos diputados, fueron 109 legisladores y legisladoras que sensibilizados por la importancia del tema le dieron el tiempo y el esfuerzo de estudio que merecía la propuesta de un cambio de una de nuestras leyes fundamentales y que defendieron la familia, una de las bases mas importantes de nuestra Nación y que hoy todavía nos distingue en todo el mundo.

Que en este bicentenario defendamos los derechos de todos y todas, que no dictemos leyes para otorgarle nuevos derechos a un pequeño sector en detrimento de todos y todas, que no eliminen a las madres y esposas de las leyes nacionales, que no se apruebe una ley tan defectuosa que parece un Cambalache. Como me gustaría, como lo hizo uno de los primeros exponentes, terminar recitando “Cambalache”, pero la importancia del tema y el ámbito de esta discusión, no lo amerita.

Muchas gracias

viernes, 18 de junio de 2010

Una cuestión de vida o muerte: el debate sobre el "matrimonio" homosexual

¡Qué tiempos estamos viviendo, Jesús mío!
Me asusta por estas épocas la tremenda confusión mental en que viven tantos argentinos. Peor aún: tantos católicos argentinos, católicos que vienen a Misa y envían sus hijos a nuestras escuelas.
Más que nunca se me vienen a la mente algunas frases sabias, recogidas a lo largo de estos años. 
Una es la famosa de Benedicto, antes de ser elegido: "Se va constituyendo una dictadura del relativismo". Está prohibido hablar de verdad. Está prohibido decir "esto es bueno", "esto es malo". Estamos viviendo en un relativismo totalitario. 
Otra frase que se me viene a la mente es la que con tanta sabiduría el p. Castellani expresa en "El nuevo gobierno de Sancho", cuando el gobernador juzga al "reformador de los refranes". Cuando le dice: "en el país de los ciegos, el tuerto es rey", el reformador instantáneamente lo modifica por "en el país de los ciegos, al tuerto lo matan". Quienes estamos convencidos de que nuestra inteligencia puede alcanzar el ser, y de que la verdad de las cosas no se puede alterar sin correr enormes riesgos, somos tildados de intolerantes, fascistas, discriminadores, genocidas y qué se yo cuantas cosas más. Nos matan. "No existimos"
No importa. No es tiempo de andar fijándose demasiado en lo que digan de uno. Tampoco es tiempo de "ser prudentes" si esa prudencia es la del mundo, la prudencia cobarde del que no quiere arriesgar el pellejo. Lo que está en juego vale mucho más que nuestra imagen y prestigio personal. Se juega el bien y la felicidad -terrena y eterna- de la presente y de las futuras generaciones.
San Juan Bautista murió por proclamar la verdad -natural y revelada- de la indisolubilidad del matrimonio.
Todos nosotros, los que creemos en Jesús, no podemos hacer otra cosa que jugarnos. Jugarnos la fama, el prestigio, la vida misma, si fuera necesario, por defender la verdad -natural y revelada- del matrimonio como la unión entre un varón y una mujer. 
"¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?"
En el transcurso de esta semana, iré subiendo diferentes artículos sumamente interesantes. En la web hay mucho material muy valioso, disperso en varios sitios. Algunos los pondré como texto en el blog, de otros daré el enlace.
Que la Reina de las familias nos acompañe en esta difícil, pero apasionante tarea de dar testimonio de la verdad.
 

domingo, 16 de mayo de 2010

Sobre el Bicentenario, la Selección, Messi y Maradona

Debo confesar que casi la mitad del tiempo que paso en internet transcurre leyendo noticias de deportes. Desde que tengo memoria sentí esta atracción: de chiquito “devoraba” los suplementos deportivos de los diarios y me deleitaba cada semana con El Gráfico. Tan fuerte fue esta tendencia, que mi último “proyecto” antes de sentir el llamado de Jesús al Sacerdocio fue ser periodista deportivo...
Hoy, si ustedes me permiten, quisiera hablar de un aspecto del deporte: su dimensión moral.
Y me surge esta idea en el año en que confluyen dos grandes “eventos” que van a vestir de celeste y blanco nuestra vida cotidiana: el Mundial y el Bicentenario.

La Selección, una parábola de la Argentina
Cada comunidad humana con una cierta organización es como una “Argentina” en pequeño. Nuestras riquezas y pobrezas, nuestras virtudes y vicios, nuestra historia, se refleja cotidianamente en estos pequeños grupos.
La selección nacional no es la excepción a la regla. Dramáticamente, encontramos en ella mucha “argentinidad”. Una enorme acumulación de talento: jugadores capaces de brillar y triunfar en todas las ligas. Capaces de generar un fútbol a la vez bello y efectivo, de emocionar, de conmover. Capaces de jugarse enteros por “amor a la camiseta”.
Pero... no todos son luces. Aparecen también, si bien no comprobadas, fundadas sospechas sobre la existencia de conspiraciones y divisiones internas. Se escucha por aquí y por allá que hay jugadores que “mandan” en el vestuario, que hacen valer su “trayectoria” para condicionar la llegada de otros tanto o más capaces que ellos.
Y en el ojo de la tormenta, sobre todo en estos días, el director técnico. Que llegó a su puesto con el enorme -pero insuficiente- mérito de haber llevado a la Argentina, como jugador, a lo más alto. Que accedió a un lugar en banco de suplentes -digámoslo con todas las letras- por acomodo, con un curriculum como director técnico plagado de fracasos. Podemos afirmar, sin dudas, que había en la Argentina muchos otros técnicos con mayor capacidad, formación y experiencia.
Pero no. Los responsables de la decisión eligieron a alguien con una personalidad inestable, incapaz de dirigirse a sí mismo, que padece de incontinencia verbal, que es adicto a los flashes, que se mueve y manifiesta con una indisimulada soberbia. Que pensaba y todavía piensa que iba a hacer jugar bien a la selección sólo con “motivación”, tratando de incentivarlos con “mistica maradoniana” pero sin trabajo, sin estudio, sin esfuerzo. Que se rodeó de un cuerpo técnico lamentable, formado por “amigos”, sin trayectoria ni capacidad. Que es capaz de tomar decisiones irracionales y dejar afuera de su plantel a jugadores tan valiosos -en tantos aspectos- como Zanneti, tal vez uno de los más prestigiosos a nivel mundial por estos días. Ah, y que por todo esto cobra 100 mil dólares mensuales libres de impuestos. Más del doble de los que cobraba, por ejemplo, Marcelo Bielsa, paradigma del trabajo y la responsabilidad.
Creo que lo más grave de toda esta situación -al fin y al cabo, el fútbol es solo un juego- es ciegamente idolatrado por muchos argentinos, que hasta tienen la desfachatez de llamarlo dios. Que tal vez recuerdan como el día más feliz de su vida el triunfo sobre Inglaterra, como una suerte de grotesca “venganza” por la guerra de Malvinas, conseguida -además del mejor de la historia- con un gol tramposo, hecho con la mano.

¿Acaso nuestra historia nacional y nuestra Argentina actual no es muy parecida a todo lo anterior? Es un lugar común reconocer el talento de los argentinos en tantos campos: la ciencia, el arte, el deporte. Pero lamentablemente muchas veces hemos creído que con eso bastaba. Hemos menospreciado el valor del esfuerzo, la necesidad de capacitarse y estudiar. Hemos aceptado que la forma más segura de triunfar es el acomodo, de que en la Argentina “nadie hace plata trabajando”. Hemos incluido la “trampa” y la “viveza criolla” entre las virtudes cardinales del argentino.
Y si es cierto que “cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”, es terrible y doloroso constatar que muchas veces nos han gobernado, no los mejores, sino los más “hábiles”, los más “vivos”. Que han llegado al poder no siempre por capacidad y preparación, sino precedidos por una larga historia de acomodos, favores, “arreglos”, promesas incumplidas. Que al ejercer el gobierno han llenado sus bolsillos vaciando los del Pueblo, que han preferido el asistencialismo fácil e inmediato a la promoción auténtica. Que tantas veces han gobernado con soberbia y autoritarismo, incluso disfrazados de democracia.
Afortunadamente, muchos argentinos se dan cuenta de esto, pero, ¿lo incorporamos en nuestra vida cotidiana? ¿O ante la primera oportunidad consentimos con métodos deshonestos, aprovechamos nuestra oportunidad de subir a cualquier precio, mentimos descaradamente, no tenemos miedo de perjudicar a los demás con tal de beneficiarnos? La corrupción que vemos y nos escandaliza en nuestros dirigentes, está mucho más incorporada a nuestros hábitos diarios de lo que nos gusta reconocer.

Messi, el “antidiego”
Antes de continuar la argumentación, y retomando mi confidencia inicial, debo confesar que mis “debilidades” actuales en internet son las homilías de Benedicto XVI y los goles y jugadas de Messi...
El segundo lustro del tercer milenio ve surgir a un nuevo astro del fútbol argentino y mundial. Con un talento incontenible, capaz de jugar a una velocidad que produce vértigo y una belleza que emociona. Con un repertorio variadísimo de jugadas y goles, capaz de desequilibrar jugando en tres puestos diferentes.
Pero Messi no es solo fútbol, no es sólo magia. No prentendo “canonizar” a Lionel. Seguramente buscando en los archivos podremos encontrar en él travesuras infantiles o pecados de adolescencia. Simplemente quisiera destacar en él algunos valores importantes que lo hacen tan distinto a quien en el Mundial será su director técnico.
Su actual “gloria” no le llegó de regalo. Para llegar a ser considerado el mejor jugador del mundo -y para algunos, entre los que me incluyo, el mejor de la historia-, debió superar graves dificultades. Someterse a tratamientos médicos costosos y dolorosos. Se animó a apostar por lo suyo, se “jugó”. Enfrentó adversidades muy grandes, ante las que muchos se hubieran echado atrás.
Y a lo largo de su carrera, mantuvo -al menos hasta ahora- una actitud intachable. Al contrario de tantas estrellas que han surgido en estos años, Messi nunca buscó privilegios, excepciones o contemplaciones. No se le conocen conflictos con sus técnicos, ni con sus compañeros. Entrena duramente, como los demás. Es aplicado y disciplinado, como un principiante. No se le registran escándalos románticos, peleas callejeras, accidentes automovilísticos por manejar a gran velocidad, llegadas tarde a los entrenamientos por borracheras...
Y algo más: ha sabido conservar la humildad y la sencillez. A pesar de ser idolatrado por muchos, Lio no se la cree. Sigue siendo un chico del interior, que el día en que alcanza nuevos records y distinciones señala su apellido impreso en la camiseta número 10 y se abraza con su familia. Está de novio con la hermana de su mejor amigo, a quien conoce desde que tiene 5 años. Cuando dispone de unos días libres regresa a Rosario a compartir con sus amigos. Sus declaraciones son invariablemente mesuradas, sinceras, modestas, llenas de elogios y agradecimientos a sus compañeros.
Y si ayuda en algo, lo comparamos con otro de los cracks actuales, Cristiano Ronaldo. En Lio se admira otra importante actitud: la alegría. Cristiano juega enojado, festeja sus goles golpeando su pecho y con actitud arrogante. Messi disfruta jugando al fútbol, las cámaras lo muestran sonriente en muchos momentos del partido y festeja sus goles junto a sus compañeros.

¿Qué puede aportar este joven futbolista a las celebraciones del Bicentenario?
Un pueblo, y sobre todo sus miembros más jóvenes, necesitan modelos. Necesitan que se les señalen otros argentinos en los cuales ver encarnados los valores que harán grande nuestra Nación.
Nuestros jóvenes y niños tienen que aprender la lección. Ojalá que en nuestra Argentina del Bicentenario haya cada vez más Messis y menos Maradonas. Es decir: talento+trabajo + humildad + alegría.

martes, 11 de mayo de 2010

Por qué decimos NO al matrimonio homosexual

Hay cientos de artículos en internet, mucho mejores que este... 
Recomiendo vivamente el sitio www.esposiblelaesperanza.com  con decenas de artículos escritos por expertos de todo el mundo, y sobre todo, con una mirada muy esperanzada sobre las personas que sufren una atracción hacia personas del mismo sexo.
Lo que puedo "agregar" yo es una mirada desde el sentido común, desde la vida cotidiana en una parroquia de barrio de Paraná. Vaya mi intento.



En los últimos días en nuestro país ha recibido media sanción la “Ley de Matrimonio homosexual”. ¿Qué valoración podemos hacer desde la fe y la recta razón sobre esta iniciativa?.
Con asombro he podido escuchar que algunos católicos asumen una actitud relativista, con expresiones como “los tiempos cambian”, “hay que ser tolerantes, no somos quien para juzgar a los demás” o incluso “la Iglesia tiene que modernizarse”

La Iglesia, Madre y Maestra.
Para alguien que cree en Jesús y que se siente parte de la Iglesia Católica, no hay duda: la homosexualidad es contraria a la naturaleza humana. El Catecismo de la Iglesia Católica expresa con claridad la doctrina de siempre.
La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que ‘los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados’ (CDF, decl. "Persona humana" 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.”
La Iglesia manifiesta la misma actitud de Jesús: condena clara, contundente, del pecado; caridad, compasión y comprensión hacia el hombre concreto. No son cristianas, por eso, las actitudes de violencia, desprecio o ridiculización que tantas veces se utilizan para la condición homosexual.
Cuando la Iglesia señala la malicia de los actos homosexuales, no falta al amor: al contrario, al anunciarles la verdad les muestra el camino de su auténtica libertad.

¿Ciencia vs. Religión?
Otros piensan que este es un pensamiento “oscurantista”, “retrógrado”. Que la ciencia y la psicología moderna han dejado de considerar la homosexualidad como una enfermedad o desviación, y la ha admitido como una de las posibles formas de vivir la sexualidad.
Ante esto es bueno saber que la homosexualidad dejó de inscribirse en el catálogo de las patologías por una fuerte -e incluso violenta- presión de activistas de la causa gay.
El psiquiatra holandés GERARD J.M. VAN DE AARDWEG, en una artículo publicado por el sitio web chileno HUMANITAS (http://humanitas.cl/html/biblioteca/articulos/d0341.html) presenta argumentos contundentes sobre la coincidencia de los datos de la ciencia y las enseñanzas de la Iglesia. “Un enfoque correcto de los datos de la experiencia,(...)llevan siempre a concluir que la antropología católica está en perfecta correspondencia con las conclusiones de los estudios científicos sobre la realidad del hombre.”
Con más de treinta años de experiencia en el tema, explica y fundamenta que “existe una estrecha correlación existente entre la tendencia homosexual y una estructura emotiva neurótica.” “El carácter neurótico de la vida emotiva de los homosexuales se observa en rasgos inmaduros, infantiles o pueriles presentes en su vida psíquica. No han logrado superar determinadas perturbaciones de crecimiento detectadas en la infancia o la pubertad. Esto resulta claro si se considera el carácter de pesadumbre y deseo no satisfecho propio de la homosexualidad. Es un deseo obsesivo, comparable con las ideas obsesivas a las cuales se encuentra sujeto un neurótico obsesivo-compulsivo. Precisamente por este motivo los homosexuales cambian continuamente de pareja y sus contactos sexuales son tan despersonalizados.”
Su conclusión es clara: la homosexualidad es una desviación, una enfermedad psicológica. Es algo malo, contrario al orden natural -como toda enfermedad-.

Relaciones esencialmente inestables
VAN DE AARDWEG demuestra con datos estadísticos la inestabilidad de los vínculos homosexuales. “El “matrimonio” homosexual es un mito. Durante 35 años de tratamiento psicoterapéutico de personas con problemas de homosexualidad, nunca me he enterado de una sola relación homosexual que haya durado años y pueda considerarse una relación normal, adulta. Existen ciertamente casos excepcionales de lazos de amistad que han durado años entre “compañeros” homosexuales, pero en ellos no se puede ni siquiera hablar de cohabitación duradera o fidelidad. Son relaciones caracterizadas por tensiones, celos, dependencia adolescente, fenómenos neuróticos de atracción-repulsión, etc” En la relación homosexual el concepto de “fidelidad” - tan esencial al concepto de matrimonio- es muy débil: “Otro estudio realizado en Holanda sobre parejas homosexuales “fijas” muestra que el promedio de contactos con otros compañeros comenzaba en 2,5 el primer año para llegar a 11 en el sexto año.” Un estudio publicado por la Universidad de Oxford, sostiene que la perdurabilidad promedio de una pareja homosexual dura entre un año y medio y tres.
En resumen: las estudios muestran que, como regla general -a la cual hay excepciones aisladas-, en las parejas homosexuales no hayunidad” ni “fidelidad”; No hay perdurabilidad razonable en el tiempo, ni hay fecundidad -capacidad de procrear-. La unión de personas del mismo sexo carece, en la mayoría de los casos, de las notas esenciales del matrimonio.

Las consecuencias pedagógicas de la ley
Quiero destacar uno de los aspectos más negativos de la aprobación de esta Ley: su impacto pedagógico. Por que una ley no sólo impone castigos a los que la infringen; se supone que la Ley señala el bien para el hombre. La Ley educa, enseña.
Si esta Ley se llega a aprobar, a nuestros niños -a tus hijos, nietos, sobrinos- les van a enseñar en la escuela que da lo mismo casarse con alguien de otro sexo que con alguien del mismo. Le van a enseñar que la homosexualidad es tan válida como la heterosexualidad: dos maneras de expresarse igualmente legítimas.
Esto es tan grave y nocivo para los niños y jóvenes, que entidades que nada tienen que ver con la Iglesia se oponen a esta enseñanza sexual. Por citar un ejemplo:
En el mes de Abril el Colegio de Pediatras de EEUU envió una informe a todas las escuelas del país, advirtiendo de los riesgos de una educación basada en la “ideología del género”. Lo hizo en contra de la política oficial del gobierno de Obama, y sustentada en algunas afirmaciones muy importantes:
-La homosexualidad no es una característica determinada genéticamente ni imposible de cambiar.
-La atracción homosexual está determinada por una combinación de influencias familiares, ambientales, sociales y biológicas. La atracción homosexual se puede cambiar.
-De los pocos alumnos con atracción del mismo sexo, la mayoría (más del 85%) adoptarán finalmente una orientación heterosexual si no se alienta lo contrario.
-Declarar y validar la atracción por el mismo sexo en los años adolescentes es prematuro y personalmente dañino.
-En muchos jóvenes, la atracción homosexual se desarrolla debido a experiencias traumáticas o negativas, como el abuso sexual. Estos estudiantes necesitan terapia para el trauma y no la afirmación de una "identidad gay". 

Una palabra sobre la adopción.
Creo que no hacen falta más argumentos: queda muy claro que una “familia” formada por una pareja homosexual no es un ámbito adecuado para que un niño crezca y se desarrolle.
Algunos alegan que no se puede “discriminar” a las personas de condición homosexual, privándolas del derecho a adoptar. El Catecismo nos invitaba, en cambio, a dejar de lado toda forma de “discriminación injusta”. Es decir, hay una forma de discriminación justa, y esa es la que, precisamente, se aplica en este caso.
En realidad, si la Ley se concreta, a quien se estaría discriminando es al niño. Él tiene derecho ser protegido a vivir, educarse y desarrollarse en el seno de una familia donde impere la diversidad de lo masculino y lo femenino porque ambas condiciones son portadoras de talentos diferentes que conforman la personalidad en formación.
Además, conociendo lo inestables que son las parejas homosexuales, entregarlos a ellas es “jugar a la ruleta rusa” con la vida de esas pequeñas personitas.
Pienso, por último, en la indignación que deben sentir los matrimonios estables y bien formados que, desde hace años, y con gran sufrimiento, esperan que una niño les sea dado en adopción.
Quiera Dios que nuestros legisladores no se dejen vencer por las presiones, y que se animen a jugarse por la verdad y el bien. Y que todos los discípulos de Jesús seamos testigos del plan de Dios sobre el hombre y la familia.


lunes, 3 de mayo de 2010

Oración por la Patria en Luján

En los días previos a la gran fiesta de la Virgen del Luján, quiero compartir con ustedes una oración del P. Luis Jeannot Sueyro, sacerdote entrerriano entregado hasta el fin, poeta eximio, predicador apasionado.
No pude saber en qué año fue compuesta. Pero no me queda ninguna duda que podemos rezarla hoy, tal como está formulada. Creo que muchos sentimos el mismo dolor que al Padre al ver nuestra Argentina tan lejos de Dios, y tan postrada. 
Que nuestra Madre de Luján nos ayude a vivir como verdaderos hermanos, y nos guíe a la Patria del Cielo.



Oración por la Patria en Luján

Yo hablé una vez con la Virgen.
Era en Luján, lloviznaba,
y el gran dolor argentino
me llovia sobre el alma.

Estaba solo ante Dios
crucificado en mi Patria.
Buscaba la albiceleste
entre el humo de las fábricas.
Buscaba huellas de historia
en las calles asfaltadas.
Buscaba el alma argentina
en mis hermanos de raza.

La Patria no estaba en ellos,
y Dios no estaba en mi Patria,
¡Y cuantos siglos de Cruz
retoñaban en la Pampa!

¿A donde vamos, Dios mío?
era de noche. Tronaba.
¿A donde vamos? yo fui
a la imagen centenaria
y le dije: Madrecita
se esta muriendo mi Patria.
La envenenaron de odios.
Sus propios hijos la matan
con las armas extranjeras.
ya le estan cambiando el alma.
por monedas y engranajes,
ya mis hermanos se arrastran
y en sus pechos ya no hay cruces
y en sus labios no hay plegarias
y no hay hombres en sus campos
y no hay niños en sus casas
y un torbellino de sangre
viene barriendo la Pampa.

Haz que vuelva San Martín
nuestro Santo de la Espada.
Haz que Belgrano de nuevo
levante la enseña sacra.

¡Virgencita de Luján,
madrecita azul y blanca
devuelvenos la Argentina,
danos Dios y danos Patria!





lunes, 12 de abril de 2010

Los niños siempre dicen la verdad...

Pensé que mi retiro anual había terminado el viernes al mediodía, después de compartir unas espléndidas jornadas en Stella Maris. Las reflexiones de Mons. Ángel Rovai, la lectura en la comida de unas preciosas homilías de Cantalamessa, los momentos de oración silenciosa... todo fue de Dios. ¡Qué grande y qué pequeño a la vez uno se siente cuando piensa un poco - alejado del fragor de la vida cotidiana- en el misterio del sacerdocio!
Pero Jesús me tenía preparada la "última charla" del retiro. Me la dío hoy, a través de dos niños de salita de cuatro años, una parte de mañana y otra a la siesta.
Estábamos sentados junto al Sagrario de la parroquia -ellos en el suelo, yo en un reclinatorio- y había bajado la imagen del Jesús Misericordioso. Yo intentaba explicarles el significado de los rayos, y cómo teníamos que confiar en Jesús; y no sé como ni por qué, uno de los chiquitos -creo que era Leandro, mi pequeño tocayo- me dijo, señalando la imagen "Jesús es más grande que vos".
Jesús es más grande... ¡Cuánto nos cuesta confiar en Él, y abandonarnos en su Providencia! Cuantas veces nosotros, los sacerdotes, nos olvidamos de eso... Cuantas veces olvido que Él es el grande, que Él hace la obra, que somos "siervos inútiles", totalmente prescindibles. Que la pastoral y el futuro de la Iglesia no están en mis manos, sino en las Suyas... Que, como tantas veces he rezado, "es necesario que él crezca y que yo disminuya". ¡Qué verdad tan maravillosa, que certeza tan consoladora! ¡Cuantas veces mi orgullo y falta de fe me impiden descansar en esa certidumbre!

Pero faltaba más, el "retiro" aún no terminaba. Por la tarde, apenas levantado de la siesta para ir a recibir los jardineros de ese turno, Candela me recibió con estas palabras: "¡Hola, Jesús!"
Y en esas palabras se me revelaba, a pesar de mis incapacidades y miserias, mi ser más profundo y mi misión. Ese es el misterio de nuestra frágil humanidad, revestida y "transustanciada" en el ser del Hijo de Dios hecho hombre. Como aprendimos en el Seminario: el sacramento nos cambió ontológicamente, nos cristificó. ¡Con qué frecuencia vivimos lejos de esa verdad luminosa! ¡Que "grande" nos queda! Y sin embargo, ¡cómo no alegrarnos a la vez por esa arcana predilección del Señor!. ¡El Sacerdote es Jesús!
Jesús: si alguna vez olvidara para qué vivo, para qué fui ordenado sacerdote, mandame a Leandro y a Candela, que me lo recuerden: Vos, que sos siempre el "más grande" me ha tomado, me ha bendecido, y partiéndome me ha dado: soy Jesús, debo ser Jesús.

martes, 30 de marzo de 2010

Sobre el Misterio de la Agonía de Jesús en el Huerto

En estos días sagrados, quiero compartir con ustedes uno de los textos más hermosos que conozco sobre el Misterio de la Agonía de Jesús en el Huerto.
Estoy seguro comprender mejor lo que aconteció esta noche y comprender lo que le costó al Señor nuestra redención, es una de las claves para dejarnos arrebatar por el amor de Jesús.

De Martin Descalzo, Vida y Misterio de Jesús de Nazareth, Ed. Sígueme

En el Huerto de los Olivos
¡Qué soledad la de este Cristo cuyos amigos, todos, duermen, mientras Judas, sólo Judas, vela! Siempre los hijos de las tinieblas están más despiertos que los de la luz
Pero el coraje de Jesús es más fuerte que el desaliento. Y regresa a la oración, ahora menos angustiado, aunque tal vez más triste. Ahora ya sabe que no hay otro camino que el que pasa por la muerte. Toda su naturaleza de hombre se rebelaba. Sus treinta y tres años se ponían en pie. Le gustaba vivir. Pero ahora llegaba la hora señalada. No lucharía contra la voluntad de su Padre, por mucho que ese final le repugnara.
Por eso ahora ya no pedía ser salvado de la muerte. Se limitaba a inclinarse ante la desición tomada. “Padre, si no es posible que pase este caliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”

El último por qué
Ahora tenemos que preguntarnos por qué el miedo terrible, por qué ese espanto inédito. ¿Simple temor a la muerte? ¿Pánico ante la cruz y los azotes? ¿Terror a la soledad?
Evidentemente tiene que haber algo más allá, más horrible y profundo.
La muerte, el dolor físico, son evidentemente muy poco para quien tiene la confianza en Dios que Jesús tenía. Tuvo que haber más, mucho más. Tuvo que haber razones infinitamente más graves que el puro miedo al dolor.
Solo una explicación teológica puede ayudarnos a entender esta escena. Y esa explicaciópn es que en ese momento Jesús penetra, vive en toda su profundidad la hondura de lo que la redención va a ser para él. En ese instante Jesús asume en plenitud todos los pecados por los que va a morir. En ese momento en que comienza su Pasión, Cristo “se hace pecado” como se atrevería da deir con frase penetrante San Pablo.
¡Morir! Eso no es gran cosa! ¡Eso es cosa de hombres, parte de la aventura humana! Pero es que no se trataba de morir, sino de redimir, es decir, de incorporar, de hacer suyos, todos los pecados de todos los hombres, para morir en nombre y en lugar de todos los pecadores.
Solemos pensar que Jesús “cargó” con los pecados del mundo, como quien toma un saco y lo lleva sobre sus espaldas. Pero eso no hubiera sido una redención. Para que exista una verdadera redención debe haber una verdadera sustitución de víctimas y la que muere hacer suyas todas las culpas por las que las demás estaban castigados a la muerte eterna.
Hacerlas suyas, incorporarlas, es casi tanto como cometerlas. Jesús no pudo “cometer” los pecados por los que moría. Pero si de alguna manera no los hubiera hecho parte verdadera de su ser, no habría muerto por esos pecados. Y no se trata de uno, de dos, de cien pecados. Se trata de todos los pecados cometidos desde que el mundo es mundo hasta el final de los tiempos. Un solo pecado que él no hubiera hecho suyo habría quedado sin redimir, sin posibilidad de verdadero perdón.
Así pues, el no estaba haciéndose autor de los pecados del mundo, pero sí los tomaba por delegación, sí los incorporaba a si. Se hacía “pecador”, se hacía “pecado”
Todo esto para nosotros no significa nada. El hombre sabe muy bien vivir con su pecado, sin que esto lo desgarre. El hombre no sabe lo que es el pecado, o si lo sabe, lo olvida, o si lo recuerda, no lo mide en su profundidad.
Pero Jesús sabía en todas sus dimensiones lo que es el pecado, lo contrario de Dios, la rebeldía total contra su Creador.
Estaba, pues, haciendo suyo lo que era lo contrario de sí mismo. Estaba incorporando lo radicalmente opuesto a la naturaleza de su alma hombre-Dios. Estaba convirtiéndose, por delegación, en enemigo de su Padre, en “el” enemigo de su Padre, puesto que recogía en sí todos los gestos hostiles a Él. Hacerse pecado era para Jesús volver de revés su naturaleza, dirigir todas sus entergías contra lo que con todas sus energías era y vivía.
¿Quién no sentiría vértigo al creer estas cosas , si verdaderamente creyéramos en ellas?. Ahora sí, ahora se explica todo el desgarramiento. Nunca jamás en toda la historia del mundo y en la de todos los mundos posibles ha existido nada, ni podrá existir nada, más horrible que este hecho de un Dios haciéndose pecado. Cualquier sudor de sangre, cualquier agonía humana, no será más que un pálido reflejo de este espanto..

La túnica del mal.
Quiero citar aquí, aunque sea muy largo, un texto justammentete famoso de alguien que se ha atrevido a mirar cara a cara esta tragedia. Es una meditación del Cardenal Newman sobre los “dolores mentales” de Cristo.
En esta hora tremenda, el Salvador del mundo se echó de rodillas, desnudándose de las defensas de su divinidad, apartando casi por la fuerza a los ángelse dispuestos a responder por millares a su llamada, abriendo los brazos y descubriendo su pecho para exponerlo en su inocencia, al ataque del enemigo, de un enemigo cuyo aliento era de una pestilencia mortal, cuyo abrazo era una agonía. Y así permaneció, de rodillas, inmóvil y silencioso, mientras el impuro enemigo envolvía su espíritu con una túnica empapada en todo lo que el crimen humano tiene de más odioso y atroz, y la apretaba en torno a su corazón. Y, mientras tanto, invadía su conciencia, penetraba en todos sus sentidos, en todos los poros de su espíritu y extendía sobre él su lepra moral, hasta que él se sintió convertido casi en lo que nunca podía llegar a ser, en lo que su enemigo hubiera querido convertirlo. ¡Cual fue su horror cuando al mirarse no se reconoció; cuando se sintió semejante a un impuro, a un destestable pecador, en su percepción aguda de ese montón de corrupciones que llovía sobre su cabeza y chorreaba hasta el borde de su túnica! ¡Cuál no fue su extravío cuando vio que sus ojos, sus manos, sus pies, sus labios, su corazón eran como los del maligno, y no como los de Dios! ¿Son estas las manos del Cordero inmaculado de Dios, hasta ese instante inocentes, pero rojas ahora por mil actos bárbaros y sanguinarios? ¿Son estos los labios del cordero, los labios que ya no pronuncian plegarias ni alabanzas, ni acciones de gracias, sino que están inmundos de juramentos, de blasfemias y doctrinas demoníacas? ¿Son estos los ojos del Cordero, ojos profanados por las visiones inmundas y las fascinaciones idólatras por las cuales abandonaron los hombres a su adorable Creados? En sus oídos resuena el fragor de las fiestas y los combates, su corazón está congelado por la avaricia, la crueldad, la incredulidad, su misma memoria está oprimida por todos y cada uno de los pecados cometidos desde la primera caída del hombre en todas las regiones de la tierra. Vienen todos estos adversarios sobre ti a millones, vienen en escuadrillas más numerosas que las pestes de las langostas, que los látigos del granizo, que las moscas y las ranas enviadas contra el Faraón. Los pecados de los vivos y de los muertos, los pecados de los no nacidos todavía, los de los condenados y de los salvados, los pecados de tu pueblo y de todos los extranjeros, los de los santos y los pecadores, todos los pecados están aquí. ¡Verdaderamente sólo Dios es capaz de soportar tanto peso!

¿Qué es la muerte, qué son las espinas, qué los látigos y el vinagre junto a este horror? ¿Qué es el dolor humano frente a esta atroz realidad?

¡Nuevo blog!

Como es gratis... ¡hice otro blog!
Se llama http://misadelavirgen.blogspot.com/, y lo creé como un espacio para ofrecer a todos la "Misa en honor de la Virgen del Rosario de Paraná", que los lectores del blog ya conocen.
Espero que la disfruten. ¡Buena Semana Santa! ¡Bendiciones!

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Usted hizo algun sermon hablando de los sacerdotes pedófilos?

Con motivo de mi reciente entrada sobre los corsos, he recibido algunos comentarios en desacuerdo con lo expresado. En algunos se discutían los argumentos utilizados, en otros la forma. Y en uno de ellos me hacían la pregunta que da el título de esta entrada: ¿Usted hizo algun sermón hablando de los sacerdotes pedófilos?

La respuesta es ¡sí, muchos!. Con mi párroco tratamos de estar atentos a los sucesos que conmueven a los fieles cristianos, y durante las diferentes crisis que han surgido -por ejemplo, cuando se dio trascendencia mediática a la cuestión Grassi, sobre la cual pienso que es absolutamente "armada" y falsa- hemos intentado abordar este complejo tema desde la homilía.

Personalmente, lo hago cada vez que me toca predicar una novena o una misión, porque sé que para muchas personas nuestras debilidades son un gran obstáculo para creer. El año pasado, lo hice al hablar del artículo del Credo: "Creo en la Santa Iglesia Católica", y cómo podemos profesar la santidad de la Iglesia dirigida por sacerdotes débiles y miserables.
Este año prediqué sobre los sacramentos. Y hablé de los pecados de los sacerdotes al referirme a la Confesión y luego al hablar sobre el Orden Sagrado y el celibato sacerdotal.

Pero más allá de lo que yo pueda decir, creo que para conocer lo que la Iglesia enseña al respecto, y sobre todo para saber qué dice y hace la Iglesia en los casos de abusos de sacerdotes hacia menores a su cargo, basta con escuchar al Santo Padre Benedicto XVI. Con una valentía y un amor a la verdad ejemplares, el Papa ha reconocido, deplorado y condenado estos "crímenes abominables" -son sus palabras- y ha puesto en marcha en la Iglesia toda una nueva forma de encarar estas dolorosísimas situaciones, que algunos llaman "tolerancia cero" y que tiene tal vez su expresión más radical en la frase del Papa en Australia: "Los culpables de abuso deben ser llevaos a la justicia". Todo lo contrario de la actitud que, erróneamente -aunque quizá con buena intención- tomaron muchos obispos y sacerdotes al encubrir casos de pedofilia para evitar el escándalo.

Por eso me tomo el atrevimiento de sugerirles la lectura de dos excelentes artículos, publicados en www.zenit.org que sintetizan el Magisterio de nuestro actual pontífice y echan luz sobre esta compleja cuestión. Los artículos son:

El magisterio de Benedicto XVI sobre abusos sexuales de sacerdotes

y

¿Es santa la Iglesia?

En una de sus últimas intervenciones, el Santo Padre identifica la raíz de estos terribles males con una "crisis de fe" en la Iglesia. Cuando Cristo deja de ser el centro, cuando su Palabra y su presencia en la Eucaristía no son el alma de la vida sacerdotal, todo se derrumba. Y se cumple entonces el antiguo adagio "corruptio optimi pessima": que puede traducirse como "la corrupción de lo mejor es lo peor". Un sacerdote corrompido, un sacerdote infiel, es quizá la mayor expresión del pecado que pueda pensarse, porque es la perversión del aquél que debería ser, mas que nadie, reflejo de la Santidad de Jesús.

En este tiempo de Cuaresma que hoy comenzamos, la Cuaresma del año Sacerdotal, quisiera pedirles a todos que recen insistentemente al Buen Pastor, para que quienes debemos ser su imagen viva y transparente estemos cada día más a la altura de nuestra misión. Que el Sñor nos purifique con su gracia y que por nuestra imitación del Maestro, muchos puedan conocer su rostro y su amor misericordioso.

domingo, 7 de febrero de 2010

Otro de los regalos de enero

Bueno, no soy James Cameron ni Juan José Campanella, pero ahí va otro video...
Esta vez es sobre la Misión que realizamos del 10 al 17 de enero. Fueron días muy intensos, de mucha oración y apostolado. Compartimos una hermosa semana entre nosotros y con la gente de Nogoyá, llevando la palabra de Cristo.
Como cada vez, ha sido mucho más lo que recibimos que lo que dejamos.
Los dejo con las imágenes, que hablan por sí mismas. ¡Muchas gracias a todos! ¡Bendiciones!

PD: si me nominan para el Oscar les aviso

viernes, 5 de febrero de 2010

¡Hasta pronto, don Hipólito!

A principios de enero, antes de irme a misionar con los jóvenes de la parroquia, estuve en la casa de Claudia y Gustavo. Hacia el final de la agradable cena -amenizada por el videojuego de los Transformers que Joel, su hijo de cuatro años, manejaba con una pericia admirable- Claudia me comentó, tímidamente, que tenía a su abuelo enfermo. Que ya hacía un tiempo que estaba mal, que de a ratos se perdía, y que temían que se fuera en cualquier momento. Me pidió si podía ir a verlo, advirtiéndome que, cuando estaba bien, "no quería mucho a los padres -léase, a los curas-": que solía hablar mal de ellos y, para colmo de males, hacía mucho mucho que no iba nunca a la iglesia. Me recomendó que fuera como a hacerle "una visita" casual, como que pasaba por ahí, no sea que se diera cuenta que estaba grave.
Acostumbrado a estas situaciones -me han hecho decenas de veces recomendaciones por el estilo- un par de días mas tarde caí a lo de don Hipólito. Me atendió su hija y su señora, ambas muy agradecidas y a la vez con el mismo temor. La esposa me presentó a Hipólito de la forma más disimulada posible: "es un amigo de Joel que te viene a visitar". Hipólito estaba acostado, tranquilo. "Soy el padre Leandro" saludé. "Le vengo a dar una bendición". Don Hipólito me miraba entre asombrado y alegre. Les pedí que nos dejaran solos. "Ahora le vamos a pedir perdón a DIos por todos los pecados de la vida, y después lo voy a dar la Santa Unción, para que Jesús esté cerca de usted en este momento difícil"... Todo transcurrió con una facilidad asombrosa, "divina": la Gracia estaba actuando de manera invisible, pero eficiente, real. Don Hipólito sacó una frase del baúl de sus recuerdos, como suelen hacer los ancianos: "cuando yo era chico siempre iba a Misa, y era monaguillo..."
Confesé y animé a su señora, que ya sabía de la proximidad de la muerte de su compañero y la aceptaba, pero que necesitaba la fortaleza del Señor.

Un par de semanas después, me llaman nuevamente. Hipólito había llamado a todos sus hijos, para despedirse. Pasé entonces por su casa cuando pude. Cuando le pregunté como estaba me dijo: "estoy contento, muy contento". Le pregunté si se acordaba de mí, y de la otra vez que lo había visitado. Su respuesta me conmovió: "sí, padre, fue maravilloso..."
Así transcurrieron sus últimos días. Claudia, su nieta, me contaba azorada que en los días posteriores a la Santa Unción, había hablado con cada uno como nunca antes, dándoles consejos inéditos en él. "A mí me dijo que fuera todos los domingos a Misa". Y a su esposa le decía que él "iba a estar bien, que no se preocupara por nada, que él desde el Cielo la iba a cuidar..." No sé como llamarían ustedes a esto, pero para mí es clarito: la gracia de la Unción y de la Comunión que estaba recibiendo había obrado una verdadera transformación en su corazón.

¿Habrá comenzado ya a cumplir su promesa? Hipólito falleció esta mañana, con la certeza de haber experimentado la misericordia del Señor. Dejó a su familia en paz, con la paz de haberlo cuidado hasta el final, y con la profunda serenidad de saber que había recibido los sacramentos de la fe cristiana.

¿Cuál es la moraleja? Sabemos que Dios es más grande que los sacramentos que él ha instituido, y que de alguna u otra forma se las arregla para acercarse a sus hijos, sobre todo en la proximidad de la muerte. Por eso nuestra confianza en su misericordia es ilimitada. Pero ¡qué diferente, que distinta es la buena muerte, la muerte cristiana, de una muerte repentina! ¡Cuántos ancianos, cuantos enfermos terminales estarán esperando, como Hipólito, la gracia de la Santa Unción y el perdón de los pecados, para poder encontrarse, purificados, con el eterno! ¡Cuántos- y este pensamiento me espanta- mueren sin el auxilio de los sacramentos, porque sus familias "no los quieren asustar", o tienen miedo a que sepan de la proximidad de su partida!

Quiera el Señor concedernos a todos morir preparados. Quiera el Señor que ninguno de los nuestros parta sin el auxilio de su Gracia y la asistencia de la Iglesia por nuestra negligencia o pereza. Quiera el Señor que Hipólito siga tan contento, mucho más contento, celebrando -como cuando era niño- la Eucaristía del Cielo.

martes, 2 de febrero de 2010

Compartir la alegría

Nuestra alegría es el Señor... Él debe ser siempre la fuente de nuestro gozo y nuestra paz, en Él deben descansar nuestras almas. La alegría que no pasa, la que "nadie nos puede quitar" es justamente esa: ser suyos, y que él se haya hecho nuestro por amor...
Pero el Señor quiere que también podamos alegrarnos por muchas otras cosas. El final del 2009 y el inicio del 2010 -junto a las infaltables y necesarias pruebas- vino con muchos regalos en este sentido. Regalos que iré compartiendo con ustedes en estos días de vacaciones.
Uno de ellos es el haber podido dar pasos importantes en el proyecto "Madre Teresa de Calcuta". Gracias a Dios, a la Madre Teresa, a tantos que han trabajado con desinterés y a la generosidad alemana -y de otros colaboradores autóctonos-, para el 28 de enero el Salón estaba cerrado, techado y alarmado... Con tanta reja, más que un salón, parece una cárcel, pero bué...
Hice y subí un video, con una supersíntesis de estos dos años. ¡Hay tantos rostros, tantas historias! Tantas personas que con su sacrificio han sembrado la buena semilla, que esperamos fuctifique para el Cielo. ¡Gracias a todos! ¡¡¡Bendiciones!!!

martes, 26 de enero de 2010

¿Transmisión de ideas?

Durante el tiempo de Seminario, solíamos con varios compañeros intercalar entre los tiempos de estudio y demás responsabilidades, momentos de recreo muy pero muy sabrosos. Aunque quizá para quienes no lo han vivido por dentro pueda sonar extraño, vivíamos en un clima de permanente humor, en el que casi rivalizábamos entre nosotros para ver quien hacía la apreciación más aguda o la ironía más sutil...
Pues bien, recuerdo a un compañero, que solía decir, cuando entre nosotros comentábamos alguna cuestión relativa al magisterio del Santo Padre -en aquel entonces Juan Pablo II-: "Realmente es muy reconfortante descubrir que el Papa piensa siempre igual que nosotros en todo"...
Esta anécdota viene a ilustrar la alegría que experimenté ayer por la tarde, cuando supe que el tema del Mensaje del Papa para Jornada las Comunicaciones Sociales -en este año sacerdotal- es: “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital”.
Invito a todos a leer este breve documento, tan claro, tan realista, tan equilibrado y -parafraseando a mi amigo- ¡tan parecido a lo que siempre pensé! Me alegré mucho porque siempre había tenido un poquito el temor de que esto del blog - y otras andanzas mediáticas en las que me ha tocado participar- pudieran distraerme de mi ministerio.
Sólo quiero compartir un punto del mensaje, que me ha hecho reflexionar y servido de examen: El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios - adquirido también en el período de formación - con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la "red".
Me preguntaba y respondía a mí mismo: uso competente de los medios no tengo -eso no me aflige demasiado, y hoy por hoy no tengo posibilidad de perfeccionarme-.
Pero... ¿tengo y manifiesto una sólida preparación teológica? ¿Vivo y expreso una honda espiritualidad sacerdotal? Y ¿puedo transparentar en mis entradas -poco frecuentes en los últimos tiempos- mi corazón de consagrado y "que Dios está cerca"?
En estos años de internet, he podido experimentar la amplísima gama de posibilidades de formación y comunicación que se abren, de enorme utilidad para el ministerio sacerdotal. Pero también he vivido en carne propia los riesgos de un uso desmedido: no sólo por la posibilidad siempre latente del pecado -tan a mano en cualquier sitio que navegues- sino por el tiempo que este mundo digital implica, y que puede facilmente desplazar a otras tareas mucho más necesarias. Siempre me preguntaba y ahora reflexiono con ustedes: ¿Dónde paso más tiempo, frente al monitor o frente al Sagrario...?
Pido entonces que recen por mí! Que pueda -y podamos todos los sacerdotes- vivir lo que la Iglesia Madre y Maestra, en nuestro Santo Padre, nos pide permanentemente.
A propósito, Santidad: gracias por pensar como yo...

jueves, 21 de enero de 2010

Los corsos: Un temita para debatir, ¿o no?

Bueno, hace ya casi dos meses que no ando por estos lados... Si ustedes supieran todo lo que ha sucedido en estos 60 días: muchos acontecimientos visibles, muchos otros que han transcurrido en el interior y han tenido solo al Señor como testigo.
Hoy es un poco tarde, pero una conversación que tuve hace un par de horas con una familia de mi comunidad, me impulsó a no demorar más una entrada sobre un asunto sobre el que hace ya un tiempo quería escribir. Esta familia, muy cercana y de un compromiso con Jesús muy firme, me contó, como al pasar, que habían viajado a ..... ¡a participar de los corsos! La conversación iba por otro rumbo, era tarde, y la sola mención de este tema depierta en mi interior una serie de pensamientos y recuerdos que no me permiten pensar con total fluidez. Así que dejé la corrección fraterna para un momento más oportuno. Sólo pude sentir un dolor en lo profundo de mi corazón y pensar "perdónalos, porque no saben lo que hacen"...

Y vino a mi mente, de manera inmediata, la homilía que hice en mi pequeño pueblo, Primero de Mayo, el 26 y 27 de enero de 2008, homilía que me costó perder bastante de mi buena fama en toda la comarca mayense y sus alrededores, el saludo de muchos amigos de siempre, y algunas cosas más...

Releyendo la homilía, con la perspectiva que da el tiempo, y asistiendo a la degradación cada vez más veloz de nuestra cultura, vuelvo a repetir, con toda certeza y claridad: participar de los corsos, tal como son hoy, es objetivamente un pecado. Los corsos en sí mismos, tal como se promocionan hoy, son una realidad de pecado.
Distinta es la cuestión de si todos los que van pecan: muchos lo hacen por ignorancia, o porque han perdido el sentido del pecado, o porque habiendo aceptado ya otras realidades pecaminosas como buenas, el participar de ese espectáculo denigrante no les significa nada.

Por eso publico hoy la homilía, sin omitir nada de lo que dije en aquel entonces. Podría añadir más elementos o argumentos, pero me los reservo para responder los comentarios de los lectores que quizá no estén de acuerdo.
Para quienes no estuvieron presentes o no sabían nada del asunto, les pido que no se olviden que fue una homilía, dicha en un contexto bien concreto, con unos destinatarios bien reales: los católicos de Primero de Mayo que asisten habitualmente a la Misa Dominical. Primero de Mayo fue un pueblo con una fervorosa vida de fe y un altísimo nivel de participación en la vida de la Iglesia, hasta no hace tanto. Eso explica la fuerza de varias expresiones.
No pretendo que me entiendan los activistas de la causa Gay, los propulsores de la pornografía ni Tinelli y su troupe, y sus seguidores... Sí pretendía y pretendo que me pudieran comprender al menos los cristianos que semana tras semana se alimentan de la carne del Cordero inmolado por nuestros pecados...
Bueno, basta de introducción. Acepto y espero comentarios. Sólo aclaro que en este blog los mismos se publican sólo después de que yo los apruebo, ya que me reservo el derecho de mantener un nivel en el lenguaje, los contenidos, etc. Invito a quienes quieran comentar, y que tal vez tengan puntos de vistas distintos o se sientan tocados, que lo hagan con argumentos, y no con ataques al estilo: "qué hablan los curas, mira lo que pasó con monseñor Storni" o "qué opinás vos, si cuando eras chiquito robabas mandarinas". El mensaje de Jesús tiene mensajeros muy indignos, pero sepan que, a pesar de nosotros -y parafraseando una célebre frase del acutal DT de la selección-, "la Verdad no se mancha".
Aquí va la homilía. Bendiciones!!!


Texto completo de la homilía
Queridos hermanos:
1. El evangelio de San Mateo nos narra hoy el inicio del ministerio público de Jesús. En pocas oraciones, traza como una síntesis de toda su actividad. Nos lo muestra recorriendo diversas regiones, predicando la llegada del Reino de Dios, y realizando numerosos milagros que certificaban su misión divina.
Con la llegada del Señor, se cumple la profecía de Isaías: “el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”. El mismo Señor se llamará a sí mismo, en el Evangelio de Juan “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no caminará en tinieblas”
El Evangelio continúa narrándonos el llamado de los primeros discípulos. Jesús se acerca a estos hombres sencillos, y les dirige una palabra directa, ineludible, una palabra que dividiría sus vidas en un antes y un después: “Sígueme”. Estos hombres simples fueron capaces de seguir al Señor. Atraídos por su figura, movidos por la atracción que la gracia ejercía en su corazón, se pusieron en camino. A partir de entonces sus vidas se unieron definitivamente a Jesús. Solo un momento de vacilación durante la Pasión los apartaría de Él, y poco tiempo después volvieron.

2. Pero para poder seguir a Jesús, ellos debieron “dejar la barca y a su padre”. Elegir seguir a Cristo, necesariamente implica renuncias, dejar cosas, optar. Volviendo a la imagen anterior, seguir a Cristo implica renunciar a todo lo que es oscuridad, a todo lo que es pecado. Solo de este modo, rechazando toda oscuridad, podremos ser “pescadores de hombres”, podremos ser luz para nuestros hermanos que están en la oscuridad.
Lamentablemente nuestro tiempo se caracteriza por la pérdida del sentido del pecado. Muchas veces se acepta hoy, incluso en personas cristianas, comportamientos, actitudes, que claramente se oponen a la luz del Evangelio. Se aceptan como válidas conductas que se oponen diametralmente al sentido del hombre, a la dignidad de su cuerpo, al verdadero sentido de la sexualidad.

3. Hoy, queridos hermanos, quisiera que reflexionáramos juntos sobre una realidad que poco a poco ha entrado en la conducta de nuestro Primero de Mayo, y que se ha transformado, tristemente, en una de sus “atracciones”. Me refiero a los corsos. Hoy quisiera pedirle a Jesús que todos comprendamos que no se puede seguir a Jesús y participar, asistir o aprobar la perversa costumbre de los corsos. Hoy quiero pedirle a Jesús que nos demos cuenta, todos, de que los corsos son una realidad pecaminosa, de que es pecado participar o apoyar, porque este espectáculo contradice directamente el sexto y el noveno mandamiento de la ley de Dios. Y que debemos optar: no podemos venir a Misa y participar de los corsos. Mucho menos podemos comulgar el cuerpo y la Sangre de Jesús, y participar de este espectáculo degradante.
Soy conciente de que estas palabras pueden despertar asombro, o incluso rechazo. Asumo con todas sus consecuencias lo que voy a decir, como parte de mi deber de anunciar la verdad. No me ordené sacerdote para agradar, para caer simpático, sino para servir a Jesús y anunciar su verdad. No quiero juzgar a las personas, ni condenar: solo iluminar con la verdad de Jesús esta triste realidad, pidiendo al Señor para que todos los que se hallan en el error encuentren la verdad.

4. ¿Por qué estoy diciendo que los corsos son una realidad de pecado?
En primer lugar, quiero recordar que estos corsos, como se han ido desarrollando en los últimos años, no tienen nada que ver con nuestra cultura argentina. A partir de la década del 80, y bajo la influencia de los aberrantes carnavales de Río de Janeiro, se ha ido generando desde nuestra provincia un fenómeno cada vez más vasto, con una marcada influencia afro-brasileras, totalmente ajena a nuestro folklore y tradiciones, tanto criollas como de los inmigrantes que enriquecieron nuestra nación. Por lo tanto no puede aducirse, de ninguna manera, que estos espectáculos son un evento cultural: nada tienen que ver con nuestra identidad.
En segundo lugar, debemos aclarar que, aun en el caso que fueran un fenómeno que corresponda a nuestra cultura, nunca el pecado, la degradación queda legitimado. Porque la cultura no puede ir al margen del verdadero bien del hombre, de su verdadera dignidad. Un evento cultural no es tal si conduce al hombre al pecado.

5. Pero vayamos al corazón del conflicto. Decíamos que los corsos se oponen directamte al sexto y al noveno mandamiento: “No cometerás actos impuros” y “No desearás la mujer de tu prójimo” Cuando Jesús, en el Sermón de la montaña, llevó a su plenitud los diez mandamientos, agregó “Yo les aseguro que el que mira a una mujer, deseándola en su corazón, comete adulterio”. Con solo mencionar estas tres afirmaciones tan claras de la Escritura, el problema queda definido.
El espectáculo de los corsos, queridos hermanos, pone como principal foco de atención el cuerpo desnudo o semidesnudo de hombres y mujeres, pero sobre todo de las mujeres. No debemos mirar, pero si nos sorprende alguna filmación de algún carnaval, por ejemplo, nos daremos cuenta inmediatamente hacia donde apuntan los primeros planos de las cámaras: hacia los órganos sexuales de hombres y mujeres.
Esos cuerpos no sólo se transforman en objeto de deseo por estar desnudos o semidesnudos, sino sobre todo porque los pasos, la manera de bailar que se utilizan en los corsos son claramente sensuales y provocativos, apuntan a despertar la pasión de aquellos que los miran. Porque naturalmente el hombre y la mujer sienten atracción por el otro sexo: pero esta atracción tiene su lugar natural, en el plan de Dios, sólo en el matrimonio.
En los corsos, como en tantos otros espectáculos de nuestro tiempo, el placer sexual se busca como una fin en sí mismo, desvinculado del respeto y del amor a la otra persona. En este tipo de espectáculo, se despiertan los más bajos impulsos de la persona humana, lo más de animal que hay en ella. Hermanos, debemos ser realistas: cualquier varón sano psicológicamente no puede dejar de excitarse y desordenarse sexualmente al ver a una mujer contoneando su cuerpo semidesnudo, salvo que haya llegado a tal punto de degradación que ya sea incapaz de sentir esta atracción.
6. Los corsos son, entonces, una forma de pornografía: exponen a la vista de todos la desnudez corporal, que solo debería mostrarse al propio esposo o esposa. La persona que mira deseando en su corazón utiliza a otra persona como un objeto de placer. Esto desencadena, inevitablemente, una torrente de malos pensamientos, de malos deseos, y de malas acciones, de actos impuros. Mirar es ya una forma de infidelidad, pero todo esto puede conducir también a las relaciones sexuales prematuras o irresponsables, al adulterio, a la masturbación, etc. Como una simple anécdota, me tocó estar como diácono y sacerdote en dos ciudades donde el corso era ya costumbre. En ambas se hablaba de la cantidad inusual de nacimientos que se registraban, casualmente, nueve meses después de los corsos. Y recuerdo la reflexión de un hombre simple, en una misión: “¿cómo no va a haber embarazos, si bailan todos juntos, desnudos?”
Participar en los corsos, al fin y al cabo, es una forma de prostitución. Prostituirse es ofrecer el propio cuerpo, a cambio de dinero, para que otra persona que no nos ama obtenga placer sexual. El varón o la mujer que se desnudan en el corso se prostituyen. No hay tal vez un contacto físico, pero sabemos que mirar es también una manera de tocar, de aferrar, de poseer.

7. El clima en el cual se viven en esos días, allí donde los corsos se han hecho ya habituales - y en menor medida, donde se realicen- es de una excitación y exaltación de los malos deseos. Con frases como estas se promocionan los carnavales de Entre Ríos: “La noche se transforma en un espacio de expresión y liberación tanto para los lugareños como para los visitantes.” Y también “les permiten sentir, experimentar y encarnar el sentido del carnaval: liberación de las ataduras culturales y sociales que organizan y modalizan la vida cotidiana.” Abundan en la presentación del espectáculo la palabra seducción, provocación, etc. No es extraño, entonces, que en Gualeguaychú exista un trafico de personas muy organizado, con redes de prostitución infantil que explotan a adolescentes y jóvenes como objetos de placer.
Todo ellos junto a la venta de alcohol indiscriminada y al consumo de drogas que ayudan a desinhibirse, generando un ambiente de descontrol absoluto.

8. La fe cristiana nos invita a ser realistas, a no ser ingenuos, a asumir la realidad del pecado original y vivir concientes de ellas. No podemos jugar con la vida de la gracia. No podemos pretender caminar entre las llamas sin quemarnos. Exponernos sin necesidad a caer en pecado mortal es ya un pecado que nos aparta del Señor.
Alguien puede decir, quizá sobre todo algunas mujeres: “¡Pero yo no siento nada de esto, yo voy a admirar la belleza de los trajes y la preparación de las carrozas!”. Nosotros sabemos, queridos hermanos, que el cristiano nunca puede cooperar con el mal, nunca puede participar en una acción en la cual otras personas ofendan gravemente a Dios, sin pecar ellas mismas .Si vos no sentís nada malo, pero vas, estás contribuyendo con tu entrada a que ese espectáculo crezca, estás apoyando toda esa degradación, te estás haciendo cómplice de sus pecados. Además, estás dando mal ejemplo a otras personas: hermanos, hijos, nietos, padres, amigos. Por eso también es un pecado grave.

9. Toda la predicación cristiana sobre la castidad tiene un sentido muy profundo. El pecado de la lujuria no solo nos desordena como personas, sino que sobre todo nos aleja de Dios, nos vuelve carnales, incapaces de elevarnos hacia el creador. Para el lujurioso el misterio de Dios, su presencia en la Eucaristía, la belleza de la oración, permanecen impenetrables: su corazón está totalmente vuelto hacia la carne, endurecido para Dios y para las cosas de Dios. Será por eso que en nuestro pueblo, la tarde misma en que sepultaron a nuestro párroco, se realizaron los carnavales como si nada hubiera pasado, y muchos vecinos y cristianos participaron de ellos: hasta tanto llega la dureza del corazón.
En los primeros siglos de la historia de la Iglesia las personas solían bautizarse de adultos. Para ellos el Bautismo significaba un corte efectivo con todo pecado, con toda la realidad del pecado. En las antiguas fórmulas litúrgicas de la renuncia bautismal el nuevo cristiano profesa su intención de apartarse de aquellas diversiones normales del mundo, que eran deshonestas y escandalosas.

10. Queridos hermanos: hoy Jesús nos dice a nosotros: “Sígueme”. Ojalá que nuestra disposición interior sea la misma que tuvieron estos humildes pescadores. Ojalá seamos capaces de renunciar a todo lo malo.
Pero Jesús nos dice también “Quiero que seas mi luz en medio de la oscuridad. El mundo está en tinieblas, muchas personas están en las tinieblas, ayúdame a alumbrarlo con la luz de la verdad y el bien”.
¿Qué le responderemos al Señor? ¿Llevaremos esta luz a nuestras familias, a nuestro círculo de amigos? ¿O nos callaremos por cobardía, por miedo a que nos tachen de conservadores, de atrasados, o que se rían de nosotros?
Y no olvidemos: no podemos tener el corazón dividido, no podemos participar de la mesa del Señor y participar de los corsos. Si estamos dispuestos a vivir así, acerquémonos a comulgar. De lo contrario, estaremos dando a Jesús el beso traidor de Judas, lo estaremos vendiendo nuevamente.
Que la Inmaculada, la madre de la Pureza cristiana, a quien el Cura Brochero con tantos otros llamaron “La Purísima” nos anime a seguir en este camino.