Blog de un sacerdote Católico, de la Arquidiócesis de Paraná, actualmente párroco de la Parroquia Cristo Peregrino (Paraná, Entre Ríos). En Facebook: Leandro Bonnin
martes, 11 de mayo de 2010
Por qué decimos NO al matrimonio homosexual
lunes, 3 de mayo de 2010
Oración por la Patria en Luján
lunes, 12 de abril de 2010
Los niños siempre dicen la verdad...
martes, 30 de marzo de 2010
Sobre el Misterio de la Agonía de Jesús en el Huerto
¡Nuevo blog!
miércoles, 17 de febrero de 2010
¿Usted hizo algun sermon hablando de los sacerdotes pedófilos?
Con motivo de mi reciente entrada sobre los corsos, he recibido algunos comentarios en desacuerdo con lo expresado. En algunos se discutían los argumentos utilizados, en otros la forma. Y en uno de ellos me hacían la pregunta que da el título de esta entrada: ¿Usted hizo algun sermón hablando de los sacerdotes pedófilos?La respuesta es ¡sí, muchos!. Con mi párroco tratamos de estar atentos a los sucesos que conmueven a los fieles cristianos, y durante las diferentes crisis que han surgido -por ejemplo, cuando se dio trascendencia mediática a la cuestión Grassi, sobre la cual pienso que es absolutamente "armada" y falsa- hemos intentado abordar este complejo tema desde la homilía.
Personalmente, lo hago cada vez que me toca predicar una novena o una misión, porque sé que para muchas personas nuestras debilidades son un gran obstáculo para creer. El año pasado, lo hice al hablar del artículo del Credo: "Creo en la Santa Iglesia Católica", y cómo podemos profesar la santidad de la Iglesia dirigida por sacerdotes débiles y miserables.
Este año prediqué sobre los sacramentos. Y hablé de los pecados de los sacerdotes al referirme a la Confesión y luego al hablar sobre el Orden Sagrado y el celibato sacerdotal.
Pero más allá de lo que yo pueda decir, creo que para conocer lo que la Iglesia enseña al respecto, y sobre todo para saber qué dice y hace la Iglesia en los casos de abusos de sacerdotes hacia menores a su cargo, basta con escuchar al Santo Padre Benedicto XVI. Con una valentía y un amor a la verdad ejemplares, el Papa ha reconocido, deplorado y condenado estos "crímenes abominables" -son sus palabras- y ha puesto en marcha en la Iglesia toda una nueva forma de encarar estas dolorosísimas situaciones, que algunos llaman "tolerancia cero" y que tiene tal vez su expresión más radical en la frase del Papa en Australia: "Los culpables de abuso deben ser llevaos a la justicia". Todo lo contrario de la actitud que, erróneamente -aunque quizá con buena intención- tomaron muchos obispos y sacerdotes al encubrir casos de pedofilia para evitar el escándalo.
Por eso me tomo el atrevimiento de sugerirles la lectura de dos excelentes artículos, publicados en www.zenit.org que sintetizan el Magisterio de nuestro actual pontífice y echan luz sobre esta compleja cuestión. Los artículos son:
El magisterio de Benedicto XVI sobre abusos sexuales de sacerdotes
y
¿Es santa la Iglesia?
En una de sus últimas intervenciones, el Santo Padre identifica la raíz de estos terribles males con una "crisis de fe" en la Iglesia. Cuando Cristo deja de ser el centro, cuando su Palabra y su presencia en la Eucaristía no son el alma de la vida sacerdotal, todo se derrumba. Y se cumple entonces el antiguo adagio "corruptio optimi pessima": que puede traducirse como "la corrupción de lo mejor es lo peor". Un sacerdote corrompido, un sacerdote infiel, es quizá la mayor expresión del pecado que pueda pensarse, porque es la perversión del aquél que debería ser, mas que nadie, reflejo de la Santidad de Jesús.
En este tiempo de Cuaresma que hoy comenzamos, la Cuaresma del año Sacerdotal, quisiera pedirles a todos que recen insistentemente al Buen Pastor, para que quienes debemos ser su imagen viva y transparente estemos cada día más a la altura de nuestra misión. Que el Sñor nos purifique con su gracia y que por nuestra imitación del Maestro, muchos puedan conocer su rostro y su amor misericordioso.
domingo, 7 de febrero de 2010
Otro de los regalos de enero
Esta vez es sobre la Misión que realizamos del 10 al 17 de enero. Fueron días muy intensos, de mucha oración y apostolado. Compartimos una hermosa semana entre nosotros y con la gente de Nogoyá, llevando la palabra de Cristo.
Como cada vez, ha sido mucho más lo que recibimos que lo que dejamos.
Los dejo con las imágenes, que hablan por sí mismas. ¡Muchas gracias a todos! ¡Bendiciones!
PD: si me nominan para el Oscar les aviso
viernes, 5 de febrero de 2010
¡Hasta pronto, don Hipólito!
Acostumbrado a estas situaciones -me han hecho decenas de veces recomendaciones por el estilo- un par de días mas tarde caí a lo de don Hipólito. Me atendió su hija y su señora, ambas muy agradecidas y a la vez con el mismo temor. La esposa me presentó a Hipólito de la forma más disimulada posible: "es un amigo de Joel que te viene a visitar". Hipólito estaba acostado, tranquilo. "Soy el padre Leandro" saludé. "Le vengo a dar una bendición". Don Hipólito me miraba entre asombrado y alegre. Les pedí que nos dejaran solos. "Ahora le vamos a pedir perdón a DIos por todos los pecados de la vida, y después lo voy a dar la Santa Unción, para que Jesús esté cerca de usted en este momento difícil"... Todo transcurrió con una facilidad asombrosa, "divina": la Gracia estaba actuando de manera invisible, pero eficiente, real. Don Hipólito sacó una frase del baúl de sus recuerdos, como suelen hacer los ancianos: "cuando yo era chico siempre iba a Misa, y era monaguillo..."
Confesé y animé a su señora, que ya sabía de la proximidad de la muerte de su compañero y la aceptaba, pero que necesitaba la fortaleza del Señor.
Un par de semanas después, me llaman nuevamente. Hipólito había llamado a todos sus hijos, para despedirse. Pasé entonces por su casa cuando pude. Cuando le pregunté como estaba me dijo: "estoy contento, muy contento". Le pregunté si se acordaba de mí, y de la otra vez que lo había visitado. Su respuesta me conmovió: "sí, padre, fue maravilloso..."
Así transcurrieron sus últimos días. Claudia, su nieta, me contaba azorada que en los días posteriores a la Santa Unción, había hablado con cada uno como nunca antes, dándoles consejos inéditos en él. "A mí me dijo que fuera todos los domingos a Misa". Y a su esposa le decía que él "iba a estar bien, que no se preocupara por nada, que él desde el Cielo la iba a cuidar..." No sé como llamarían ustedes a esto, pero para mí es clarito: la gracia de la Unción y de la Comunión que estaba recibiendo había obrado una verdadera transformación en su corazón.
¿Habrá comenzado ya a cumplir su promesa? Hipólito falleció esta mañana, con la certeza de haber experimentado la misericordia del Señor. Dejó a su familia en paz, con la paz de haberlo cuidado hasta el final, y con la profunda serenidad de saber que había recibido los sacramentos de la fe cristiana.
¿Cuál es la moraleja? Sabemos que Dios es más grande que los sacramentos que él ha instituido, y que de alguna u otra forma se las arregla para acercarse a sus hijos, sobre todo en la proximidad de la muerte. Por eso nuestra confianza en su misericordia es ilimitada. Pero ¡qué diferente, que distinta es la buena muerte, la muerte cristiana, de una muerte repentina! ¡Cuántos ancianos, cuantos enfermos terminales estarán esperando, como Hipólito, la gracia de la Santa Unción y el perdón de los pecados, para poder encontrarse, purificados, con el eterno! ¡Cuántos- y este pensamiento me espanta- mueren sin el auxilio de los sacramentos, porque sus familias "no los quieren asustar", o tienen miedo a que sepan de la proximidad de su partida!
Quiera el Señor concedernos a todos morir preparados. Quiera el Señor que ninguno de los nuestros parta sin el auxilio de su Gracia y la asistencia de la Iglesia por nuestra negligencia o pereza. Quiera el Señor que Hipólito siga tan contento, mucho más contento, celebrando -como cuando era niño- la Eucaristía del Cielo.
martes, 2 de febrero de 2010
Compartir la alegría
Pero el Señor quiere que también podamos alegrarnos por muchas otras cosas. El final del 2009 y el inicio del 2010 -junto a las infaltables y necesarias pruebas- vino con muchos regalos en este sentido. Regalos que iré compartiendo con ustedes en estos días de vacaciones.
Uno de ellos es el haber podido dar pasos importantes en el proyecto "Madre Teresa de Calcuta". Gracias a Dios, a la Madre Teresa, a tantos que han trabajado con desinterés y a la generosidad alemana -y de otros colaboradores autóctonos-, para el 28 de enero el Salón estaba cerrado, techado y alarmado... Con tanta reja, más que un salón, parece una cárcel, pero bué...
Hice y subí un video, con una supersíntesis de estos dos años. ¡Hay tantos rostros, tantas historias! Tantas personas que con su sacrificio han sembrado la buena semilla, que esperamos fuctifique para el Cielo. ¡Gracias a todos! ¡¡¡Bendiciones!!!
martes, 26 de enero de 2010
¿Transmisión de ideas?
jueves, 21 de enero de 2010
Los corsos: Un temita para debatir, ¿o no?
Hoy es un poco tarde, pero una conversación que tuve hace un par de horas con una familia de mi comunidad, me impulsó a no demorar más una entrada sobre un asunto sobre el que hace ya un tiempo quería escribir. Esta familia, muy cercana y de un compromiso con Jesús muy firme, me contó, como al pasar, que habían viajado a ..... ¡a participar de los corsos! La conversación iba por otro rumbo, era tarde, y la sola mención de este tema depierta en mi interior una serie de pensamientos y recuerdos que no me permiten pensar con total fluidez. Así que dejé la corrección fraterna para un momento más oportuno. Sólo pude sentir un dolor en lo profundo de mi corazón y pensar "perdónalos, porque no saben lo que hacen"...
Y vino a mi mente, de manera inmediata, la homilía que hice en mi pequeño pueblo, Primero de Mayo, el 26 y 27 de enero de 2008, homilía que me costó perder bastante de mi buena fama en toda la comarca mayense y sus alrededores, el saludo de muchos amigos de siempre, y algunas cosas más...
Releyendo la homilía, con la perspectiva que da el tiempo, y asistiendo a la degradación cada vez más veloz de nuestra cultura, vuelvo a repetir, con toda certeza y claridad: participar de los corsos, tal como son hoy, es objetivamente un pecado. Los corsos en sí mismos, tal como se promocionan hoy, son una realidad de pecado.
Distinta es la cuestión de si todos los que van pecan: muchos lo hacen por ignorancia, o porque han perdido el sentido del pecado, o porque habiendo aceptado ya otras realidades pecaminosas como buenas, el participar de ese espectáculo denigrante no les significa nada.
Por eso publico hoy la homilía, sin omitir nada de lo que dije en aquel entonces. Podría añadir más elementos o argumentos, pero me los reservo para responder los comentarios de los lectores que quizá no estén de acuerdo.
Para quienes no estuvieron presentes o no sabían nada del asunto, les pido que no se olviden que fue una homilía, dicha en un contexto bien concreto, con unos destinatarios bien reales: los católicos de Primero de Mayo que asisten habitualmente a la Misa Dominical. Primero de Mayo fue un pueblo con una fervorosa vida de fe y un altísimo nivel de participación en la vida de la Iglesia, hasta no hace tanto. Eso explica la fuerza de varias expresiones.
No pretendo que me entiendan los activistas de la causa Gay, los propulsores de la pornografía ni Tinelli y su troupe, y sus seguidores... Sí pretendía y pretendo que me pudieran comprender al menos los cristianos que semana tras semana se alimentan de la carne del Cordero inmolado por nuestros pecados...
Bueno, basta de introducción. Acepto y espero comentarios. Sólo aclaro que en este blog los mismos se publican sólo después de que yo los apruebo, ya que me reservo el derecho de mantener un nivel en el lenguaje, los contenidos, etc. Invito a quienes quieran comentar, y que tal vez tengan puntos de vistas distintos o se sientan tocados, que lo hagan con argumentos, y no con ataques al estilo: "qué hablan los curas, mira lo que pasó con monseñor Storni" o "qué opinás vos, si cuando eras chiquito robabas mandarinas". El mensaje de Jesús tiene mensajeros muy indignos, pero sepan que, a pesar de nosotros -y parafraseando una célebre frase del acutal DT de la selección-, "la Verdad no se mancha".
Aquí va la homilía. Bendiciones!!!
Texto completo de la homilía
Queridos hermanos:
1. El evangelio de San Mateo nos narra hoy el inicio del ministerio público de Jesús. En pocas oraciones, traza como una síntesis de toda su actividad. Nos lo muestra recorriendo diversas regiones, predicando la llegada del Reino de Dios, y realizando numerosos milagros que certificaban su misión divina.
Con la llegada del Señor, se cumple la profecía de Isaías: “el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”. El mismo Señor se llamará a sí mismo, en el Evangelio de Juan “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no caminará en tinieblas”
El Evangelio continúa narrándonos el llamado de los primeros discípulos. Jesús se acerca a estos hombres sencillos, y les dirige una palabra directa, ineludible, una palabra que dividiría sus vidas en un antes y un después: “Sígueme”. Estos hombres simples fueron capaces de seguir al Señor. Atraídos por su figura, movidos por la atracción que la gracia ejercía en su corazón, se pusieron en camino. A partir de entonces sus vidas se unieron definitivamente a Jesús. Solo un momento de vacilación durante la Pasión los apartaría de Él, y poco tiempo después volvieron.
2. Pero para poder seguir a Jesús, ellos debieron “dejar la barca y a su padre”. Elegir seguir a Cristo, necesariamente implica renuncias, dejar cosas, optar. Volviendo a la imagen anterior, seguir a Cristo implica renunciar a todo lo que es oscuridad, a todo lo que es pecado. Solo de este modo, rechazando toda oscuridad, podremos ser “pescadores de hombres”, podremos ser luz para nuestros hermanos que están en la oscuridad.
Lamentablemente nuestro tiempo se caracteriza por la pérdida del sentido del pecado. Muchas veces se acepta hoy, incluso en personas cristianas, comportamientos, actitudes, que claramente se oponen a la luz del Evangelio. Se aceptan como válidas conductas que se oponen diametralmente al sentido del hombre, a la dignidad de su cuerpo, al verdadero sentido de la sexualidad.
3. Hoy, queridos hermanos, quisiera que reflexionáramos juntos sobre una realidad que poco a poco ha entrado en la conducta de nuestro Primero de Mayo, y que se ha transformado, tristemente, en una de sus “atracciones”. Me refiero a los corsos. Hoy quisiera pedirle a Jesús que todos comprendamos que no se puede seguir a Jesús y participar, asistir o aprobar la perversa costumbre de los corsos. Hoy quiero pedirle a Jesús que nos demos cuenta, todos, de que los corsos son una realidad pecaminosa, de que es pecado participar o apoyar, porque este espectáculo contradice directamente el sexto y el noveno mandamiento de la ley de Dios. Y que debemos optar: no podemos venir a Misa y participar de los corsos. Mucho menos podemos comulgar el cuerpo y la Sangre de Jesús, y participar de este espectáculo degradante.
Soy conciente de que estas palabras pueden despertar asombro, o incluso rechazo. Asumo con todas sus consecuencias lo que voy a decir, como parte de mi deber de anunciar la verdad. No me ordené sacerdote para agradar, para caer simpático, sino para servir a Jesús y anunciar su verdad. No quiero juzgar a las personas, ni condenar: solo iluminar con la verdad de Jesús esta triste realidad, pidiendo al Señor para que todos los que se hallan en el error encuentren la verdad.
4. ¿Por qué estoy diciendo que los corsos son una realidad de pecado?
En primer lugar, quiero recordar que estos corsos, como se han ido desarrollando en los últimos años, no tienen nada que ver con nuestra cultura argentina. A partir de la década del 80, y bajo la influencia de los aberrantes carnavales de Río de Janeiro, se ha ido generando desde nuestra provincia un fenómeno cada vez más vasto, con una marcada influencia afro-brasileras, totalmente ajena a nuestro folklore y tradiciones, tanto criollas como de los inmigrantes que enriquecieron nuestra nación. Por lo tanto no puede aducirse, de ninguna manera, que estos espectáculos son un evento cultural: nada tienen que ver con nuestra identidad.
En segundo lugar, debemos aclarar que, aun en el caso que fueran un fenómeno que corresponda a nuestra cultura, nunca el pecado, la degradación queda legitimado. Porque la cultura no puede ir al margen del verdadero bien del hombre, de su verdadera dignidad. Un evento cultural no es tal si conduce al hombre al pecado.
5. Pero vayamos al corazón del conflicto. Decíamos que los corsos se oponen directamte al sexto y al noveno mandamiento: “No cometerás actos impuros” y “No desearás la mujer de tu prójimo” Cuando Jesús, en el Sermón de la montaña, llevó a su plenitud los diez mandamientos, agregó “Yo les aseguro que el que mira a una mujer, deseándola en su corazón, comete adulterio”. Con solo mencionar estas tres afirmaciones tan claras de la Escritura, el problema queda definido.
El espectáculo de los corsos, queridos hermanos, pone como principal foco de atención el cuerpo desnudo o semidesnudo de hombres y mujeres, pero sobre todo de las mujeres. No debemos mirar, pero si nos sorprende alguna filmación de algún carnaval, por ejemplo, nos daremos cuenta inmediatamente hacia donde apuntan los primeros planos de las cámaras: hacia los órganos sexuales de hombres y mujeres.
Esos cuerpos no sólo se transforman en objeto de deseo por estar desnudos o semidesnudos, sino sobre todo porque los pasos, la manera de bailar que se utilizan en los corsos son claramente sensuales y provocativos, apuntan a despertar la pasión de aquellos que los miran. Porque naturalmente el hombre y la mujer sienten atracción por el otro sexo: pero esta atracción tiene su lugar natural, en el plan de Dios, sólo en el matrimonio.
En los corsos, como en tantos otros espectáculos de nuestro tiempo, el placer sexual se busca como una fin en sí mismo, desvinculado del respeto y del amor a la otra persona. En este tipo de espectáculo, se despiertan los más bajos impulsos de la persona humana, lo más de animal que hay en ella. Hermanos, debemos ser realistas: cualquier varón sano psicológicamente no puede dejar de excitarse y desordenarse sexualmente al ver a una mujer contoneando su cuerpo semidesnudo, salvo que haya llegado a tal punto de degradación que ya sea incapaz de sentir esta atracción.
6. Los corsos son, entonces, una forma de pornografía: exponen a la vista de todos la desnudez corporal, que solo debería mostrarse al propio esposo o esposa. La persona que mira deseando en su corazón utiliza a otra persona como un objeto de placer. Esto desencadena, inevitablemente, una torrente de malos pensamientos, de malos deseos, y de malas acciones, de actos impuros. Mirar es ya una forma de infidelidad, pero todo esto puede conducir también a las relaciones sexuales prematuras o irresponsables, al adulterio, a la masturbación, etc. Como una simple anécdota, me tocó estar como diácono y sacerdote en dos ciudades donde el corso era ya costumbre. En ambas se hablaba de la cantidad inusual de nacimientos que se registraban, casualmente, nueve meses después de los corsos. Y recuerdo la reflexión de un hombre simple, en una misión: “¿cómo no va a haber embarazos, si bailan todos juntos, desnudos?”
Participar en los corsos, al fin y al cabo, es una forma de prostitución. Prostituirse es ofrecer el propio cuerpo, a cambio de dinero, para que otra persona que no nos ama obtenga placer sexual. El varón o la mujer que se desnudan en el corso se prostituyen. No hay tal vez un contacto físico, pero sabemos que mirar es también una manera de tocar, de aferrar, de poseer.
7. El clima en el cual se viven en esos días, allí donde los corsos se han hecho ya habituales - y en menor medida, donde se realicen- es de una excitación y exaltación de los malos deseos. Con frases como estas se promocionan los carnavales de Entre Ríos: “La noche se transforma en un espacio de expresión y liberación tanto para los lugareños como para los visitantes.” Y también “les permiten sentir, experimentar y encarnar el sentido del carnaval: liberación de las ataduras culturales y sociales que organizan y modalizan la vida cotidiana.” Abundan en la presentación del espectáculo la palabra seducción, provocación, etc. No es extraño, entonces, que en Gualeguaychú exista un trafico de personas muy organizado, con redes de prostitución infantil que explotan a adolescentes y jóvenes como objetos de placer.
Todo ellos junto a la venta de alcohol indiscriminada y al consumo de drogas que ayudan a desinhibirse, generando un ambiente de descontrol absoluto.
8. La fe cristiana nos invita a ser realistas, a no ser ingenuos, a asumir la realidad del pecado original y vivir concientes de ellas. No podemos jugar con la vida de la gracia. No podemos pretender caminar entre las llamas sin quemarnos. Exponernos sin necesidad a caer en pecado mortal es ya un pecado que nos aparta del Señor.
Alguien puede decir, quizá sobre todo algunas mujeres: “¡Pero yo no siento nada de esto, yo voy a admirar la belleza de los trajes y la preparación de las carrozas!”. Nosotros sabemos, queridos hermanos, que el cristiano nunca puede cooperar con el mal, nunca puede participar en una acción en la cual otras personas ofendan gravemente a Dios, sin pecar ellas mismas .Si vos no sentís nada malo, pero vas, estás contribuyendo con tu entrada a que ese espectáculo crezca, estás apoyando toda esa degradación, te estás haciendo cómplice de sus pecados. Además, estás dando mal ejemplo a otras personas: hermanos, hijos, nietos, padres, amigos. Por eso también es un pecado grave.
9. Toda la predicación cristiana sobre la castidad tiene un sentido muy profundo. El pecado de la lujuria no solo nos desordena como personas, sino que sobre todo nos aleja de Dios, nos vuelve carnales, incapaces de elevarnos hacia el creador. Para el lujurioso el misterio de Dios, su presencia en la Eucaristía, la belleza de la oración, permanecen impenetrables: su corazón está totalmente vuelto hacia la carne, endurecido para Dios y para las cosas de Dios. Será por eso que en nuestro pueblo, la tarde misma en que sepultaron a nuestro párroco, se realizaron los carnavales como si nada hubiera pasado, y muchos vecinos y cristianos participaron de ellos: hasta tanto llega la dureza del corazón.
En los primeros siglos de la historia de la Iglesia las personas solían bautizarse de adultos. Para ellos el Bautismo significaba un corte efectivo con todo pecado, con toda la realidad del pecado. En las antiguas fórmulas litúrgicas de la renuncia bautismal el nuevo cristiano profesa su intención de apartarse de aquellas diversiones normales del mundo, que eran deshonestas y escandalosas.
10. Queridos hermanos: hoy Jesús nos dice a nosotros: “Sígueme”. Ojalá que nuestra disposición interior sea la misma que tuvieron estos humildes pescadores. Ojalá seamos capaces de renunciar a todo lo malo.
Pero Jesús nos dice también “Quiero que seas mi luz en medio de la oscuridad. El mundo está en tinieblas, muchas personas están en las tinieblas, ayúdame a alumbrarlo con la luz de la verdad y el bien”.
¿Qué le responderemos al Señor? ¿Llevaremos esta luz a nuestras familias, a nuestro círculo de amigos? ¿O nos callaremos por cobardía, por miedo a que nos tachen de conservadores, de atrasados, o que se rían de nosotros?
Y no olvidemos: no podemos tener el corazón dividido, no podemos participar de la mesa del Señor y participar de los corsos. Si estamos dispuestos a vivir así, acerquémonos a comulgar. De lo contrario, estaremos dando a Jesús el beso traidor de Judas, lo estaremos vendiendo nuevamente.
Que la Inmaculada, la madre de la Pureza cristiana, a quien el Cura Brochero con tantos otros llamaron “La Purísima” nos anime a seguir en este camino.
jueves, 19 de noviembre de 2009
A cuatro años de una gran audacia divina...
Es audaz porque no tiene temor de jugarse por el hombre. Porque a lo largo de la historia de la salvación va realizando cada vez acciones más "arriesgadas", casi diría más "ilógicas", para que lo conozcamos y amemos.
Su amor infinito no conoce límites ni fronteras. Y es capaz de correr el riesgo de ser representado por creaturas miserables, débiles, totalmente vulnerables.
Ese es el misterio de amor oculto en el sacramento del Orden: su gracia, la Unción de su Espíritu, nos hace ser "otros Cristos", y nos permite actuar "in persona Christi Capitis".
Hoy hace cuatro años de nuestra ordenación sacerdotal, un 19 de noviembre de 2005. Misterio insondable, día sublime en que nuestra humanidad -la de Jorge, la mía, la de Walter- quedó asumida en el misterio del Verbo eterno, que quería que nuestras manos fueran las suyas, nuestros pies los suyos, nuestra boca y nuestras palabras las suyas, nuestro rostro y nuestra mirada los del Dios hecho hombre.
Siempre recuerdo la procesión de entrada de ese sábado, a media mañana: la Catedral repleta, el sol entrando a raudales por los ventanales y la cúpula, el incienso que daba a todo una atmósfera celestial y misteriosa, el coro que entonaba "Pueblo de Reyes, Asamblea Santa..." Durante mis 9 años en el Seminario, había cantado casi siempre este canto, en cada ordenación. Ahora, increíblemente, nos tocaba a nosotros...
Toda la celebración fue de una enorme intensidad. Recuerdo muy bien el momento de la postración y las letanías: ¡qué sabia la Iglesia al hacernos postrar, al recordarnos en un solo gesto nuestra nada, nuestra pequeñez...! Y a la vez, ¡cuanta sabiduría al hacernos sentir la oración de la Iglesia militante, que suplicaba a la Iglesia celestial por nosotros...!
En este día hermoso, día de gratitud, día para cantar la fidelidad de Dios -más grande que nuestras infidelidades y miserias- tengo la certeza maravillosa de que toda la Iglesia nos sostiene. Que las oraciones de los santos nos anima e impulsa. Que la oración perseverante de tantos fieles sencillos es el motor de cualquier posiblidad de entrega. Esta mañana visité a una señora, postrada por un ACV, del que se recupera lentamente. Le pedí antes de irme: "rece por mí, rece y ofrézcase por todos los sacerdotes". Su respuesta fue enormemente consoladora: "siempre lo hago"
¡Gracias, Señor, por tanta confianza! ¡Gracias por cuatro años de tu fidelidad, a pesar nuestras infidelidades a tu amor! ¡Gracias por atreverte a confiarnos lo más valioso, el misterio de la Eucaristía, y las almas redimidas con tu Sangre Divina!
Madre: ayúdanos a ser siempre fieles. Como te dije el día de mi Primera Misa "Quiero marianizar totalmente mi sacerdocio. Quiero en tus manos ser, con toda mi vida, fuente de agua viva, regazo materno para el afligido, puente entre el Cielo y la tierra, hostia viva que se ofrece para gloria del Padre y se da como alimento al mundo"
"Totus tuus ego sum, et omnia mea tua sunt, in saecula saeculorum"
domingo, 18 de octubre de 2009
Dar como vos nuestra vida
En el Año sacerdotal, comparto con ustedes una canción al Cura Brochero, que hice en el año 2000 para un concurso por el encuentro de seminaristas que se realizó en esa localidad. Le hice un cambio en la letra, porque aquella decía "nosotros, seminaristas", y hoy, por gracia de Dios, dice "nosotros, los sacerdotes..."
Acá va la letra. Le agradezco a Pablo, que acompaña con su habitual calidad en guitarra y piano.
No tuvimos tiempo para que pueda cantarla él, así no tuve otro remedio que cantar yo...
Dar como vos nuestra vida
Canción al Cura Brochero
1. Por tu entrega generosa
¡sacerdote todo entero!
te tomamos por modelo
glorioso cura Brochero.
Al Señor diste tu vida
y por él a todo hombre:
que en cualquier hermano nuestro
el Señor mismo se esconde
2. Todo enfermo o moribundo
niño, pobre, rico, anciano
recibió siempre el cuidado
de tu amor grande y fecundo.
Fuiste hostia y sacerdote
para todos otro Cristo,
y en la lepra consumaste
de tu vida el sacrificio
Sacerdote de tu gente
sacerdote todo ´e Cristo
nosotros, los sacerdotes
de este tu pueblo argentino;
A Jesús hoy le pedimos
por medio de la Pur{isima
glorioso Cura Brochero
dar como vos nuestra vida
3. Por salvar su cuerpo y alma
hiciste escuelas y rutas,
y capillas, templos, gruta
para dar al Dios que salva.
Les alcanzaste mil gracias
por tu Misa y tu Breviario
a María los confiaste
desgranando tu Rosario
4. El Milenio que comienza
necesita curas santos
que le den el Evangelio
y lo muestren con sus actos
Y que al mundo testimonien
la Vigencia del Mensaje
que en le pago e´San Alberto
con tu vida proclamaste.
jueves, 8 de octubre de 2009
Un 9 de de octubre de 1994...
Muchas veces me preguntaron, durante mis años de seminario y también ahora, "cómo elegiste hacerte sacerdote"... Supongo que esa pregunta se la harán muchos, sobre todo en un tiempo donde la vocación al sacerdocio ya no es vista como algo "apetecible" para un joven cualquiera o para sus familias...Y sigue otra pregunta, casi siempre: "pero, ¿cómo te diste cuenta? ¿Cómo supiste que Dios quería que seas sacerdote?"
Y aquí la cosa se complica. Porque la vocación es un misterio, un misterio de amor y de predilecciones divinas.
Y por eso es casi imposible de explicar, al menos como uno quisiera. Las palabras humanas quedan cortas, son meros balbuceos, para expresar lo inefable.
Yo sé, con toda certeza, que mi vocación es el sacerdocio. Sé que para eso he sido creado, que ese es el sueño de Dios sobre mi vida, desde toda la eternidad.
Pero me dí cuenta... hace exactamente ¡15 años!
Y cuando pienso en aquél 9 de octubre de 1994, y en todas las "casualidades" que se dieron, para que yo estuviera en cada sitio y con cada persona, y escuchara cada palabra, no puedo dudar ni un instante de que en todo intervino la mano providente del Padre...
Lo recuerdo todo casi con lujo de detalles: la lluvia torrencial que impidió el partido con el Depro, la posibilidad y el viaje frustrado a Gualeguay al encuentro de misioneros, la invitación del Padre Heraldo para ir con él, más tarde, en su Falcon celeste; la inusual invitación de Gustavo (hoy padre Gustavo) para tomar mates en su casa...
La revelación de su futuro: dejaría su carrera universitaria porque se sentía llamado por Dios y el año siguiente entraría al Seminario; la pregunta incisiva: "y vos, ¿nunca pensaste en ser sacerdote?", a la que respondí seguro: "la verdad que no..."
A las 8:30, la Misa, con poquita gente por la lluvia. Yo sentado a la derecha del Padre Reverdito, como monaguillo. Era el domingo XXVIII del ciclo B, y el evangelio era el del Joven Rico. "Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; después VEN Y SÍGUEME" Y recuerdo como si fuera hoy la pregunta de Pedro, y la respuesta de Jesús...
Creo que el Padre Heraldo habló de la vocación, y de la alegría de la entrega, y de la grandeza de Dios que no se deja ganar en generosidad...
Y ya no recuerdo sino una sola cosa: cuando terminó la Misa, una certeza llenaba de paz mi corazón, y lo ensanchaba, y le abría horizontes infinitos: Jesús quería que yo fuera sacerdote. Lo sabía con toda seguridad, como que era domingo y viajamos a Gualeguay, y yo estuve todo el día "en otra".
¡15 años, Dios mío! Y desde entonces siempre, cada vez, siempre con la misma intensidad, incluso en los momentos más difíciles, continué experimentando esa serena seguridad de haber encontrado mi lugar en el mundo.
En este día lleno de hermosos recuerdos, quiero compartir con todos mi Magnificat:
¡Gracias Señor, por el don de la vocación! ¡Gracias porque sin mérito de mi parte, a pesar de mis pecados y mis limitaciones, me has llamado y me has sostenido hasta ahora! ¡Gracias por las personas que usaste como instrumento, y que sigues usando, para que conozca tu voluntad e intente ser cada día más "otro Cristo"!
¡Madre del Rosario! No dudo que el don de mi vocación ha sido una gracia tuya, recibida apenas un par de días después de tu fiesta. ¡No me sueltes nunca, y haz que cada día me entregue con más fervor! ¡Totus Tuus!
lunes, 5 de octubre de 2009
Ninguna alabanza es digna de Tí, oh María...
Estamos a unas pocas horas de empezar a vivir la Patronal, la Fiesta de la Virgen del Rosario. Ayer 4 de octubre, gracias a la inspiración de Otti y a la generosa disponibilidad de tantos coreutas, y de Eduardo, pudimos regalarle a la Virgen la Misa en su honor. Gracias a todos los que estuvieron: fue un momento muy emotivo, muy pero muy hermoso.
Este 7 de octubre Monseñor Mario nos invitará a renovar la Alianza de Paraná con María. Ojalá que este texto, tan rico, pueda ayudarlos a preparar esta fiesta.
La Santísima Virgen del Rosario
Reina coronada de Paraná
Queridos hijos:
Estamos sobre la hora del gran acontecimiento de la historia espiritual de Paraná: la Coronación Pontificia de su Madre y de su Reina, la Santísima Virgen del Señor quien nos ha venido conduciendo hasta esta etapa final.
I. UNA ALIANZA CON MARIA
Paraná con su vida de hoy, de ayer y del futuro, Paraná con lo mejor que tiene, que son sus hijos, quiere consagrarse a María Santísima y sellar con Ella una Alianza, un Pacto eterno de amor.
La firma de este Pacto, el sello visible de esta Alianza, será la Corona de Oro que los hijos de Paraná -en especial sus 32.000 hogares— pondrán sobre la frente de Madre, de su Patrona y de su Reina.
Esta Coronación no es, ni podría ser, un acto circunstancial y pasajero. Es la culminación de un profundo proceso espiritual. Ha nacido de la Fe, de una Fe expresada de distintos modos, vigorizada por la oración, fecundada por el sacrificio, sostenida por el fervor mariano de sacerdotes, religiosas y fieles.
II AL ENCUENTRO DE UNA GRACIA
Dios amó y sigue amando a Paraná con un amor concreto y personal. Este amor de Dios se llama gracia y esta gracia se llama Nuestra Señora del Rosario. Los hijos de Paraná han salido al encuentro de esta gracia. El Paraná del centro, de la periferia, de la costa del río -el Paraná de todos los barrios y todos los sectores- salió al encuentro de esta gracia y se viene preparando para recibirla y hacerla suya.
Algo muy grande ha ocurrido con la respuesta de nuestro pueblo.
Como acto de gratitud al Señor por todo lo que Él hizo entre nosotros, y también como acto de reconocimiento a nuestros sacer-dotes y a nuestros fieles, permitidle señalar los caminos humanos y divinos que nos están llevando al encuentro de esta gracia.
El proceso comenzó en Pascua, al impulso de la vida nueva y victoriosa de Jesús Resucitado. Comenzó casi en silencio, de rodillas.
Para despertar a los hogares de Paraná se hicieron más de cincuenta reuniones en casas de familia. Siguió luego la Cruzada del Rosario con más de diez mil rosarios repartidos, la visita de la Santísima Virgen a más de doce mil hogares, el audiovisual de la Historia de Fátima en dos versiones, repetidas más de noventa veces, la participación tan generosa del Magisterio y del Alumnado de las Escuelas de la Ciudad con tareas pedagógicas sobre los Misterios de María y su Presencia en la Historia Patria, la visita guiada de los escolares -mañana y tarde- a la Iglesia Catedral y a la Imagen Fundadora, la insistente y cálida voz radial de todos los días.
Pero ocurrió también otra cosa providencial. Las peregrina-ciones a la Iglesia Catedral para el Jubileo del Año Santo dieron otro ritmo de vida a nuestra Catedral. Los peregrinos han abierto rutas que podríamos llamar de la periferia al centro y han unido hasta físicamente las Parroquias del interior con la Iglesia Madre de Paraná.
En busca del Hijo se han encontrado con la Madre y, al con-fiarle a Ella ese mundo interior que todos llevamos dentro, han convertido la Catedral en Santuario y en fuente de gracias en favor de todo nuestro pueblo.
La presencia de miles de peregrinos anunciados para la tarde del 8 de diciembre, es obra de este despertar mariano. Diversos hilos de vida se van convirtiendo en un inmenso río de gracias. Es el anuncio de otras mayores porque es propio de Dios seguir dando más sí nuestra respuesta es cada vez mejor.
III. OBRA DEL ESPÍRITU SANTO: LOS NOMBRES DE MARÍA
Por estos caminos nos condujo el Señor para hacernos descubrir su Plan, al hacernos descubrir el nexo de unión con la Virgen del Rosario, y marcar con Ella la vocación espiritual de Paraná.
Dios nos la ha dado como signo y como prueba de su Bondad para con nosotros, pero al mismo tiempo para que Ella replasmara en nosotros su propio Misterio de Nuestra Señora del Rosario, al modo como las madres traspasan a sus hijos su propia fisonomía.
Debemos explicar ahora el fundamento y el contenido de este regalo de Dios. La Santísima Virgen es una sola y siempre la misma. Su plenitud casi infinita de gracias, ofrece también una multitud casi infinita de rasgos, de expresiones, de nombres y de títulos. Podemos llamar a Maria por algunos de sus Misterios históricos: la Virgen de la Anunciación o Nuestra Señora de los Dolores. Por algunas de sus virtudes: Nuestra Señora de la Humildad o de la Confianza. Por el lugar donde quiso aparecer: Lourdes o Fátima. Por sus mensajes maternos o sus expresiones simbólicas: los rayos de luz de la Medalla Milagrosa o las lágrimas de la Virgen de Siracusa. Hoy la invocamos también como Nuestra Señora de los Pobres o Nuestra Señora del Sí.
Los siglos han acumulado nombres y los seguirán acumulando en el futuro. Es obra del Espíritu Santo, presente en la Iglesia, que nos hace descubrir nuevas y vivas conexiones entre María Santísima y Dios, entre María y su Hijo, entre Ella y nosotros, entre Ella y el universo.
Estos nombres, estos títulos, estos misterios llenan de gozo el corazón de Dios porque proclaman su Gloria, cantan la grandeza y el poder de una inagotable Bondad.
Gozar de estas realidades es complacer sobremanera a Dios. Es reconocer las obras de sus manos y cantar la riqueza de su Gracia, es asociarnos al Magnificat, surgido de los más profundo del alma radiante de María, en la que ya estaba presente nuestra ansiada Coronación.
El Magnificat es el preludio de toda la exaltación futura, exaltación que el mismo Dios reclama, y a la que equivocadamente algunos han llamado triunfalismo.
IV. NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
Ahora bien, podemos preguntarnos qué misterio se oculta bajo este nombre del Rosario. En realidad, es el título más universal porque contiene el Misterio de la Redención humana, todo el obrar de Dios fuera de Sí mismo. Contiene todo el Misterio de Cristo que comienza con la Encarnación -inmediatamente después de la Anunciación del Ángel-, continúa por su vida, su Pasión, su Muerte y su Resurrección, culmina con su triunfo sobre el pecado y sobre la muerte y con el retorno al Padre.
Decir:Nuestra Señora del Rosario, es decir: Nuestra Señora del Evangelio, de la Redención y de la Gracia.
Toda esa realidad, todo este contenido le fue dado a Paraná cuando el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires -instrumento humano manejado por Dios- creó el 23 dc octubre de 1730 la Parroquia de Paraná y declaró Patrona a María.
Es antiquísima la costumbre de dar un Santo Protector, o poner bajo la protección de la Santísima Virgen pueblos, profe-siones, instituciones. Esta costumbre está avalada por la Teología. Se funda en el Misterio de la Comunión de los Santos y en la promesa del Señor de ratificar en el cielo lo que su Iglesia hace en la tierra por obra del Espíritu.
Paraná no había nacido todavía. Por los organismos normales de la Iglesia se daba a Paraná una Patrona que sería Madre, Fundadora y Alma de la Ciudad: María Santísima del Rosario. Una pequeña Imagen la haría visible.
Todos sabemos que la Imagen no es la realidad, pero la repre-senta, como ocurre con una foto o con un cuadro. Por eso, cuando hablamos de Coronación entendemos que el gesto de coronar acaba en la Imagen, pero la realidad a la que tiende y da valor al acto es la misma Virgen María, hoy en cuerpo y alma en la gloria.
V. SUMERGIRNOS EN LOS MISTERIOS DE CRISTO
Dios ha puesto lo suyo; exige ahora lo nuestro. El vínculo entre la Ciudad de Paraná y la Virgen del Rosario es obra de Dios. Nosotros debemos vivirlo cada uno de nosotros así como toda la Ciudad, y vivirlo en la vida de cada día.
La Santísima Virgen cumple, como Madre, su misión de velar y de intervenir secretamente mediante su influjo y su presencia. Pero, en cambio, ¿vivimos nosotros nuestra filial dependencia de María y encarnamos el contenido de su gran Misterio?
No es fácil responder en alta voz. Sin embargo debemos recor-dar que la Virgen del Rosario, de un modo sobreeminente, encarna tres valores, tres elementos esenciales que surgen espontáneamente a la luz del Evangelio.
1) María vive siempre con Dios: “El Señor está Contigo y Tú con Él”. 2) María crece en gracia y santidad: “Llena eres de gracia”. 3) María santifica su deber de estado: gozosamente se reconoce “esclava del Señor” porque sólo quiere cumplir su Divina Voluntad.
Estos tres valores los vive en la atmósfera sagrada de un humilde hogar, a través de su vida de familia, sufriendo, sirviendo, amando.
Ella realizó y vivió con incomparable intensidad estos tres valores. Ahora desde el cielo quiere trasvasarlos a nuestro espíritu. ¿De qué manera?
Colaboradora de Dios, insiste en un camino, humilde pero seguro: el Santo Rosario. No se trata de pasar cuentas entre los dedos. Se trata sumergirnos en los Misterios de Cristo e, iluminados por la Fe y el Amor, contemplar su Rostro sus gestos escuchar sus palabras, seguir sus pasos.
Surgirá al instante una luz junto a otra luz, María junto a Cristo, unida a Él, identificada con Él. Y como tomándonos de la mano nos conducirá al interior de Cristo, después de habernos hecho gustar su propio interior de Madre.
Esto es lo esencial del Rosario, estos son los Misterios del Rosario, a los que se unen como una melodía un poco lejana el Padre Nuestro y las Ave Marías.
Recordar estos Misterios no es recordar un hecho que fue, como se recuerda una batalla. Recordarlos en medio de la oración es sumergirnos en la vida temporal y gloriosa de Jesús, es sentir su calor, su amor, las vibraciones más íntimas de su espíritu. Es entrar en el alma de María, dejarnos formar, educar con Ella como hijos de Dios para vivir en el cielo.
VI. ¡VOLVEMOS A REZAR EL ROSARIO!
Gracias a Dios el Rosario vuelve a rezarse en Paraná. Varones y mujeres no se avergüenzan de llevarlo y menos de rezarlo. Los niños de la generación actual crecerán marcados por él. Y nosotros, los adultos queremos pasar esta llama sagrada a la generación de jóvenes que nos siguen. Gracias a Dios el Rosario vuelve a ser oración habitual para los alumnos del Seminario; presagio de los apóstoles de fuego que vislumbra San Luis de Montfort.
El Rosario renacer con ese vigor que caracteriza a una prima-vera cuando el invierno fue largo o fue duro.
Quienes marginan el Rosario de la vida espiritual pierden mucho y quizá ignoren que marginan el Evangelio -al que dicen descubrir- y marginan una forma inequívoca de experimentarlo auténticamente.
El demonio conoce también la virtud oculta y omnipotente del Rosario. Por eso su trampa de substituirlo por algo mejor para anularlo después. Él bien sabe cuánto gana con ello.
VII. LA CORONAMOS Y NOS CONSAGRAMOS
Queridos hijos:
El próximo 8 de diciembre ocurrirá algo muy grande entre nosotros. El Señor nos ha hecho ver más de cerca el Don de su Divina Madre; Don otorgado a Paraná bajo el título de Nuestra Señora del Rosario. Al agradecer este Don queremos comprome-ternos con Dios y con su Madre. La Coronación es un acto de reconocimiento por el pasado y es un compromiso para el futuro.
Coronamos a María primero en el corazón de cada uno de sus hijos, pero luego la coronamos en el corazón de la Ciudad y aceptamos las exigencias que la Coronación impone: fidelidad, entrega, servicio, amor apasionado.
Coronación y Consagración son palabras que se complementan y exigen todo, tanto del hombre como de la Ciudad. La coronamos como Reina y como Madre y nos entregamos consagrados a esta doble realidad.
Paraná nunca dejó de ser hija de la Virgen, pero hoy proclama y reconoce su condición de hija dc la Virgen del Rosario como la vocación espiritual que ha de cumplir con heroica firmeza.
Paraná como Ciudad tiene su propia vocación, su misión histó-rica que sólo Dios conoce. Pero Paraná será fiel a su vocación y a su destino si es fiel a la Virgen del Rosario, dada por Dios antes de que Paraná naciera.
Por eso, ante Dios y ante los hombres, Paraná dice que Sí a esta Coronación y a la Consagración que entraña. Para esto quiere sellar al modo bíblico un Pacto y una Alianza de amor eterno con María Santísima. El contenido del Pacto y de la Alianza se expresa en esta breve frase, inscripta en el corazón dc cada paranaense y de toda la Ciudad: “Madre del Rosario, todo lo nuestro es tuyo, todo lo tuyo es nuestro”. Juramos ser fieles hasta morir.



